El gigante chino de tecnología de consumo Xiaomi anunció este martes que su división dedicada a innovaciones como vehículos eléctricos inteligentes y inteligencia artificial logró por primera vez beneficios trimestrales.
Sin embargo, el presidente de la compañía, Lu Weibing, advirtió que la presión en la cadena de suministro por el alza de precios de los chips de memoria afectará significativamente al mercado de smartphones el próximo año.
Xiaomi, que construyó su reputación con una amplia gama de productos asequibles como smartphones, tablets y electrodomésticos, es un recién llegado al saturado sector de los vehículos eléctricos, habiendo lanzado su primer modelo el año pasado.
También se sumó en abril a la intensa carrera por desarrollar herramientas de IA al presentar un modelo generativo desarrollado internamente.
“En el tercer trimestre de 2025, nuestro segmento de vehículos eléctricos inteligentes, IA y otras nuevas iniciativas logró por primera vez ingresos operativos positivos en un solo trimestre” de 700 millones de yuanes (98 millones de dólares), informó Xiaomi.
Los ingresos de este segmento alcanzaron un máximo histórico, según un comunicado de la empresa, mientras que los ingresos totales del trimestre julio-septiembre ascendieron a 113.100 millones de yuanes, un 22% más que en el mismo período del año anterior.
El beneficio neto ajustado creció un 81% interanual hasta los 11.300 millones de yuanes.
A pesar de los positivos resultados trimestrales, la cotización de Xiaomi ha caído más de un 20% en los últimos seis meses.
Los analistas señalan que los vientos en contra para la compañía incluyen la fuerte demanda de tecnología de IA, que está disparando los precios de los chips de memoria utilizados en smartphones y otros dispositivos del hogar.
“Creo que la presión será mucho mayor que este año”, afirmó este martes el presidente Lu Weibing sobre este problema.
“En general, creo que todos podremos observar que los precios de venta al público de los productos experimentarán un aumento significativo”.
Las guerras de precios y el pesimismo sobre la economía china también ensombrecen las perspectivas.
Pekín lleva luchando desde el fin de la pandemia contra un gasto doméstico débil, agravado por la prolongada crisis de deuda en el sector inmobiliario, que sigue pesando sobre la confianza de los consumidores.


