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Los precios al consumidor en China aceleran, pero la demanda sigue débil

Un empleado ordena productos en un supermercado de Pekín el 10 de diciembre de 2025. Foto por PEDRO PARDO / AFP

Los costos alimentarios disparados empujaron la inflación al consumidor en China al ritmo más rápido en casi dos años, según datos publicados este miércoles, aunque los precios a salida de fábrica más bajos confirman que la demanda en la segunda economía mundial sigue débil.

Los responsables políticos chinos llevan años luchando contra un gasto interno anémico, lastrado por la prolongada crisis inmobiliaria y las secuelas de la pandemia de Covid, que siguen afectando la confianza de los consumidores.

Expertos llevan tiempo insistiendo en que Pekín debe girar hacia un modelo de crecimiento basado más en el consumo interno y menos en exportaciones e industria manufacturera, aunque pasar de la teoría a la práctica ha resultado mucho más difícil.

El índice de precios al consumidor (IPC), principal medidor de la inflación, subió 0,7 % interanual en noviembre, según la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

La cifra coincidió con la previsión de Bloomberg y fue mucho mayor que el 0,2 % de octubre. Se trata del mayor aumento desde febrero de 2024 y el más alto desde febrero de 2023.

«El repunte se debió principalmente al cambio de caídas a alzas en los precios de los alimentos», explicó la estadística de la ONE, Dong Lijuan. En particular, los precios de las verduras frescas se dispararon por cambios climáticos, revirtiendo nueve meses consecutivos de bajadas.

Zichun Huang, de Capital Economics, reconoció el factor climático, pero destacó que los datos también muestran «una desaceleración de la inflación en servicios y una caída en los precios de electrodomésticos».

Este año el gobierno amplió un plan de subsidios para reactivar el consumo, pero los resultados han sido irregulares: hubo un impulso puntual en las compras, pero no logró frenar el hundimiento prolongado del ánimo consumidor.

Huang señaló que las últimas cifras reflejan «el desvanecimiento del impacto del programa de renovación de bienes de consumo sobre las ventas minoristas».

«Es patriótico gastar dinero»

Los líderes chinos mantienen la meta de crecimiento para 2025 en torno al 5%, igual que el año pasado y un objetivo que muchos economistas consideraron inicialmente ambicioso.

En una señal positiva para Pekín, el Fondo Monetario Internacional (FMI) anunció este miércoles que elevó su previsión de crecimiento para China en 2025 hasta el 5% (desde el 4,8% estimado en octubre) y para 2026 hasta el 4,5% (desde 4,2%).

«A pesar de shocks considerables, la economía china ha mostrado una resiliencia notable», declaró la directora del FMI, Kristalina Georgieva, tras las consultas anuales con altas autoridades chinas en Pekín.

Georgieva elogió las medidas tomadas para impulsar el gasto interno, aunque advirtió que «se necesita hacer más». En un comentario que generó revuelo, apuntó a los ahorradores mayores chinos, a los que describió como «muy comprometidos con el ahorro», y pidió a los jóvenes que les ayuden a «cambiar su actitud hacia una que diga que gastar dinero es patriótico».

La demanda débil persiste

Los datos oficiales también confirman problemas estructurales. El índice de precios al productor (IPP), que mide los costos de los bienes al salir de fábrica, cayó 2,2% en noviembre, peor que el 2% previsto por Bloomberg. El IPP lleva más de tres años en terreno negativo, reflejando demanda interna floja y sobreoferta global de manufacturas chinas.

«Esperamos que la sobrecapacidad se mantenga, manteniendo a China en deflación durante 2026 y 2027», pronosticó Huang, de Capital Economics.

Las exportaciones chinas han sido el gran salvavidas económico en los últimos años, pese a las crecientes tensiones comerciales con EE.UU. y Occidente. El lunes se conoció que el superávit comercial chino superó por primera vez el billón de dólares en 2025.

El presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió el fin de semana que Europa «se verá obligada a tomar medidas fuertes», incluidos aranceles, si Pekín no reduce su enorme superávit con el continente.