El secretario de Energía de Estados Unidos, Christopher Wright, afirmó el jueves que Pekín podrá mantener vínculos comerciales con la industria petrolera de Venezuela siempre que acepte el liderazgo de Washington y abandone sus prácticas de «endeudamiento estratégico» en el hemisferio occidental.
En una entrevista con la cadena Fox Business, Wright delineó la estrategia de la administración de Donald Trump para el sector energético venezolano, tras la reciente captura del expresidente Nicolás Maduro.
El funcionario subrayó que, a diferencia de Rusia e Irán, a quienes calificó de «organizaciones criminales» que deben ser expulsadas, China es vista como una potencia económica con la que es posible un pragmatismo condicionado.
«En ese marco donde el socio principal de Venezuela —y quien tiene la estabilidad y el estado de derecho— es Estados Unidos, ¿puede haber comercio con China? Seguro. ¿Vamos a permitir que Venezuela se convierta en un Estado cliente de China? Absolutamente no», declaró Wright.
Fin del modelo de deuda
El secretario criticó el sistema de préstamos por petróleo que Pekín mantuvo con Caracas durante la última década, describiéndolo como una herramienta de control sobre los recursos soberanos. Wright advirtió que cualquier participación futura de empresas chinas, como CNPC o Sinopec, estará supeditada al control operativo y comercial de Estados Unidos.
«China es a menudo el prestamista de última instancia para luego obtener el control total de un país. Eso no sucederá en Venezuela bajo el mandato del presidente Trump», añadió el funcionario.
Control naval y precios
La postura de Washington se ve reforzada por una «cuarentena» naval en el Caribe que ya ha resultado en la incautación de buques. El gobierno estadounidense planea comercializar directamente hasta 50 millones de barriles de crudo venezolano a precios de mercado para estabilizar los costos globales y reducir el precio del barril a los 50 dólares.
Expertos del sector señalan que esta política busca transformar a Venezuela en una pieza de negociación frente a Pekín, condicionando el acceso de China a la energía a su cooperación en otros frentes globales, como el mercado de tierras raras o la estabilidad en el sudeste asiático.




