La relación económica entre Brasil y China registró un crecimiento del 65% entre 2015 y 2025, impulsada por complementariedades tecnológicas y una creciente dependencia de Pekín del crudo brasileño, afirmó Aldrin Wernersbach, economista jefe del Instituto Brasileño del Petróleo y Gas (IBP).
Durante su intervención en el webinar “El Futuro del Comercio Brasil-China”, organizado por el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC), Wernersbach destacó que en 2025 China se consolidó como el destino del 29% de las exportaciones totales brasileñas.
En el sector de los hidrocarburos, el gigante asiático se convirtió en el principal mercado para el crudo del país, absorbiendo cerca del 45% del total exportado, lo equivalente a un promedio de 870.000 barriles por día.
Según Wernersbach, tres factores fueron decisivos para este desempeño: el aumento de la demanda china de energía inmediata para sustentar el crecimiento económico, la estrategia de Pekín de diversificar proveedores para garantizar la seguridad del suministro y la expansión del 13% en la producción brasileña, centrada en el presal.
El economista destacó que la estrategia china favorece a la industria nacional, ya que el país asiático busca productores estables y con capacidad tecnológica avanzada en aguas ultraprofundas, lo que permite la exploración de nuevas fronteras geológicas como la Margen Ecuatorial y la Cuenca de Pelotas.
Sinergia en la transición energética
Más allá del petróleo, Wernersbach señaló a los biocombustibles como la próxima frontera de la asociación bilateral en el marco del BRICS.
Brasil, segundo mayor productor mundial de etanol, busca alinear el desarrollo de tecnologías de biodiésel y combustible sostenible de aviación (SAF) con las metas de descarbonización de China.
Ya existen asociaciones en curso entre institutos de investigación y empresas chinas en el sector de los biocombustibles en Brasil.
Para el economista, el proceso de transición energética será diversificado, y los biocombustibles se presentan como una ruta viable para la descarbonización de la economía global, especialmente en el sector del transporte.



