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China observa las elecciones en el Perú ante su impacto en el puerto de Chancay

China observa las elecciones en el Perú ante su impacto en el puerto de Chancay
El candidato presidencial Roberto Sánchez, del partido Juntos por el Perú, encabeza un mitin de campaña luego de que el Jurado Nacional de Elecciones anunciara que pasará a la segunda vuelta electoral del 7 de junio, en la cual competirá por la presidencia del Perú contra la candidata Keiko Fujimori, del partido Fuerza Popular, en un vecindario de Lima, Perú, 17 de mayo de 2026. REUTERS/Alessandro Cinque

La segunda vuelta presidencial de junio en el Perú está captando la atención en China, donde los analistas observan si el próximo gobierno reconfigurará los lazos con Pekín y ejercerá nueva presión sobre Chancay, un megapuerto de operaciones chinas que se ha convertido en uno de los proyectos de infraestructura más importantes de China en América Latina.

La votación enfrentará a la candidata de derecha Keiko Fujimori contra el congresista de izquierda Roberto Sánchez. Los analistas chinos señalan que el resultado podría arrastrar a Chancay más profundamente al conflicto por la influencia en América Latina entre EE. UU. y China, tras las tensiones en Panamá, donde Washington presionó a CK Hutchison, con sede en Hong Kong, por sus operaciones portuarias cerca del Canal de Panamá.

Chancay, un puerto de aguas profundas de 1300 millones de dólares situado a unos 80 kilómetros al norte de Lima, pertenece en su mayoría a la empresa estatal china Cosco Shipping Ports. El puerto está diseñado para reducir los tiempos de envío entre el Perú y China de unos 33 días a 23 días, así como para disminuir los costos logísticos en al menos un 20 %, lo que otorgará al Perú una ruta más directa para las exportaciones hacia Asia.

Chancay se ha convertido en blanco del escrutinio de EE. UU. Funcionarios y legisladores estadounidenses han advertido que el puerto podría generar riesgos de espionaje chino o de un futuro uso militar, afirmaciones que Pekín ha rechazado.

En abril, la representante María Elvira Salazar, presidenta del Subcomité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes para el Hemisferio Occidental, instó al próximo gobierno del Perú a «recuperar» el puerto controlado por China y afirmó que Washington brindaría ayuda.

En una entrevista con la Agencia de Noticias de China en Hong Kong, Li Min, investigadora asistente del Instituto de Relaciones Internacionales de la Academia de Ciencias Sociales de Shanghái, señaló que la preocupación de EE. UU. sobre Chancay refleja tres niveles de ansiedad estratégica:

  • Contener la presencia logística de China en América Latina: Li afirmó que Washington ve a Chancay como un desafío para las rutas comerciales dominadas desde hace mucho tiempo por el Canal de Panamá y los puertos norteamericanos. La ruta directa Chancay-Shanghái debilita el control de EE. UU. sobre la logística regional y proporciona a China un canal más eficiente para los minerales, productos agrícolas y otras exportaciones sudamericanas.
  • Construir un marco de «contención» en el hemisferio occidental: Li acusó a los funcionarios de EE. UU. de politizar un puerto comercial al plantear repetidamente preocupaciones sobre un «doble uso» militar. Sostuvo que Washington utiliza un discurso sobre seguridad y soberanía para presionar a los gobiernos locales, interferir en los contratos y forzar a los proyectos de infraestructura chinos a someterse a las reglas de inversión y seguridad lideradas por EE. UU.
  • Utilizar las elecciones para moldear el rumbo político del Perú: Li indicó que la presión de EE. UU. sobre Chancay refleja una nueva forma de pensamiento basada en la «Doctrina Monroe». Desde su perspectiva, Washington busca que los países latinoamericanos se desvinculen de China en sectores de infraestructura crítica, minerales y telecomunicaciones, para reafirmar así el dominio de EE. UU. en el hemisferio occidental.

Li comparó la disputa de Chancay con la reciente presión de EE. UU. sobre los puertos vinculados a China en Panamá. En ambos casos, afirmó, Washington ha empleado una narrativa de «ansiedad por la soberanía» para argumentar que el control chino de la infraestructura debilita la soberanía nacional. Sin embargo, precisó que ambos casos son diferentes. El Canal de Panamá posee una larga historia de influencia militar e institucional de EE. UU., mientras que Chancay es un proyecto soberano peruano. Esto deja a Washington con menos herramientas directas, obligándolo a depender más de la presión política y del escrutinio regulatorio.

Li manifestó que el próximo gobierno del Perú podría enfrentar presiones para acercarse a Washington, especialmente si Fujimori gana. No obstante, argumentó que una expropiación total o la cancelación del puerto es poco probable debido a que los lazos económicos entre China y el Perú están profundamente arraigados, las barreras legales son altas y Chancay aporta comercio y empleos que el Perú difícilmente puede ignorar.

Aun así, advirtió que las elecciones podrían generar una nueva incertidumbre para las empresas chinas.

«Si gana un candidato de derecha, será difícil abolir directamente el contrato del puerto», afirmó Li. «Sin embargo, el nuevo gobierno podría aumentar las dificultades operativas para las empresas chinas mediante el incremento de los costos regulatorios y la fijación de nuevas condiciones de inversión».

Li añadió que la narrativa estadounidense de «oposición por soberanía» podría continuar politizando a Chancay después de que el próximo gobierno del Perú asuma el cargo, lo que desataría una nueva ronda de presión diplomática y pública.

Esa presión, concluyó, podría «obligar al Perú a tomar una decisión más inclinada hacia los Estados Unidos entre China y EE. UU., reduciendo el espacio para la cooperación entre China y el Perú».