Por Alexander Villegas
Colombia ha girado hacia la derecha al elegir como presidente al abogado nacionalista y recién llegado a la política Abelardo De La Espriella, acelerando un cambio hacia la derecha que se extiende por toda América Latina.
En Perú, donde las autoridades han estado contando lentamente las actas impugnadas de la segunda vuelta presidencial del 7 de junio, se proyecta la victoria de la conservadora Keiko Fujimori por un margen de apenas algo más del 0.2%, asegurando la presidencia tras tres intentos fallidos.
Colombia y Perú se unen ahora a Argentina, Chile, Ecuador, Bolivia y Panamá en este desplazamiento hacia la derecha, en un drástico revés de la llamada “marea rosa” de la región que llevó a varios gobiernos de izquierda al poder a principios de la década de 2020, incluyendo al presidente Gustavo Petro, el primer mandatario de izquierda de Colombia.
Bajo la ley colombiana, se requiere un escrutinio final verificado y supervisado por notarios y jueces, el cual estaba casi completo a última hora del domingo. No está claro si coincide plenamente con el conteo inicial.
A lo largo de la región, incluida Colombia, las economías débiles y el aumento de la delincuencia han reconfigurado las prioridades de los votantes. Candidatos de extrema derecha que antes eran marginales han ganado terreno al prometer mano dura, en medio de un auge global del nacionalismo de derecha y del esfuerzo del presidente Donald Trump por combatir la creciente influencia de China en América Latina y ejercer un mayor control estadounidense sobre la región.
“Esta es una alineación de estrellas inusual para Trump”, señaló Steven Levitsky, profesor de Gobierno y Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Harvard.
“Rara vez se ve a un gran número de gobiernos tan convergentes ideológicamente como lo estamos viendo ahora”.
Durante el último año, Trump ha ordenado ataques que mataron a más de 150 personas en presuntas embarcaciones de narcotráfico en el Caribe, lanzó una alianza regional de derecha denominada el “Escudo de las Américas” y capturó al presidente venezolano Nicolás Maduro en una incursión en Caracas.
El colombiano Petro ha sido el crítico más acérrimo de Trump en la región, lo que provocó amenazas de acciones militares y sanciones. De La Espriella, por el contrario, es un admirador de Trump.
Ciudadano estadounidense naturalizado que vivió en Miami, ha sido un ferviente partidario de Trump y recibió su respaldo antes de la segunda vuelta. Ha prometido unirse al Escudo de las Américas, reprimir a los narcotraficantes, flexibilizar las regulaciones comerciales, bajar los impuestos y reactivar los proyectos de petróleo y gas paralizados bajo el mandato de Petro.
Su victoria se produce en un momento en que Colombia enfrenta escasez de gas y los mercados energéticos globales se ven alterados por la guerra con Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz.
Con vastas reservas de petróleo en Guyana y Venezuela —que Trump ha prometido desarrollar— y una de las formaciones de esquisto (shale) más grandes del mundo en Argentina, los expertos señalan que América Latina se perfila para ganar terreno como una potencia energética global.
Desafíos económicos y de seguridad
Los líderes de derecha en Argentina, Chile, Perú y Colombia han ganado apoyo con promesas de recortes de impuestos, reducción del aparato estatal y flexibilización de las normas mineras y de combustibles fósiles. Sin embargo, muchos enfrentan déficits presupuestarios, lo que obliga a realizar recortes de gastos impopulares que han desatado protestas.
Bolivia declaró el estado de emergencia este fin de semana y comenzó a desbloquear las vías que habían paralizado a la nación durante más de 50 días, mientras los sindicatos y otros sectores protestaban contra las medidas de austeridad promulgadas por el presidente de centro-derecha Rodrigo Paz.
En Chile, el presidente José Antonio Kast vio desplomarse su índice de aprobación después de que la guerra con Irán impulsara a su gobierno a subir los precios de los combustibles, mientras que las medidas de austeridad del presidente argentino Javier Milei han sido recibidas con protestas recurrentes.
Los desafíos de seguridad persisten a pesar de las promesas de ser duros con la delincuencia. En Ecuador, los homicidios aumentaron un 30% el año pasado, y el gobierno del presidente Daniel Noboa lo atribuyó a disputas territoriales entre bandas fragmentadas que compiten por el control.
Los asesinatos también repuntaron en Costa Rica bajo el populista de derecha Rodrigo Chaves. Su sucesora, la presidenta Laura Fernández, prometió una guerra contra el crimen, pero los homicidios se han mantenido altos debido a que la pequeña nación centroamericana se ha convertido en un punto clave de transbordo para la cocaína sudamericana destinada a EE. UU. y Europa.
Una prueba difícil
El narcotráfico, la minería ilegal y la escasa presencia del Estado en partes de Colombia probablemente representarán una prueba difícil para De La Espriella, señalaron analistas.
De La Espriella ganó por un estrecho margen de menos del 1% y deberá gobernar con un Congreso dividido, donde el partido Pacto Histórico de su rival Iván Cepeda ocupa más escaños que cualquier otro.
Su estilo de vestir y sus promesas de megacárceles han generado comparaciones con el líder de El Salvador, Nayib Bukele, quien se autodenomina el “dictador más genial del mundo”. De La Espriella ha negado estar imitando a Bukele.
“Colombia es un país mucho más grande y mucho más complejo de gestionar que El Salvador, e importar las soluciones de seguridad de El Salvador a Colombia no es factible, ya sea por cuestiones legales, presupuestarias o en términos de compromisos internacionales”, afirmó Sergio Guzmán, fundador de Colombia Risk Analysis.
Levitsky, de Harvard, señaló que De La Espriella tendrá que trabajar con las poderosas instituciones democráticas de Colombia para aprobar reformas y que “si intenta ser más radical, podría meterse en problemas”.
(Reporte de Alexander Villegas; Edición de Julia Symmes Cobb e Himani Sarkar)



