En su primer día en el cargo, el nuevo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, realizó un movimiento histórico al poner fin a un estancamiento diplomático de 17 años con Estados Unidos.
El sábado anunció la restauración completa de las relaciones, incluido el intercambio de embajadores. La presencia de alto nivel de Estados Unidos en su toma de posesión subrayó el interés de Washington por comprometerse con el nuevo gobierno.
La popular cuenta de WeChat Zhan Hao remonta el impasse a 2008, cuando el entonces presidente Evo Morales, figura clave del bloque antiestadounidense en América Latina, expulsó al embajador estadounidense por presunta injerencia.
Estados Unidos respondió de igual manera, reduciendo las relaciones al nivel de encargados de negocios. Los sucesores de Morales suavizaron su retórica, pero nunca se produjeron avances sustanciales, reflejando la histórica desconfianza de Bolivia hacia la influencia estadounidense.
Según el artículo, las vastas reservas de litio de Bolivia son una razón clave para este reinicio. Paz Pereira, un democristiano de centro-derecha, representa una ruptura con décadas de gobiernos de izquierda.
Su restauración inmediata de lazos diplomáticos plenos refleja un enfoque pragmático y orientado al exterior. Las presiones económicas —alta inflación, escasez de energía y un PIB per cápita modesto (~3.600 dólares en 2023)— combinadas con los recursos estratégicos de litio boliviano, pilar de la transición energética global, explican el momento de esta decisión.
El artículo señala que este paso también posiciona a Bolivia estratégicamente en el tablero latinoamericano de Estados Unidos, especialmente mientras las relaciones con Venezuela y Cuba siguen tensas y gobiernos vecinos como Brasil y Argentina giran hacia la derecha.
Las asociaciones previas con China y Rusia en el sector del litio boliviano están ahora en pausa o bajo revisión.
A pesar del inicio optimista, persisten desafíos, concluye el artículo. Diecisiete años de desconfianza no se deshacen de la noche a la mañana, y las fuerzas izquierdistas internas probablemente escrutinarán cualquier compromiso percibido en la soberanía.
La inversión estadounidense en Bolivia aún enfrentará obstáculos regulatorios y del entorno empresarial, y el sentimiento público hacia el capital estadounidense es mixto.
Mientras tanto, Cuba, Venezuela y otros actores regionales podrían ver el acercamiento con cautela, dejando a Paz Pereira la delicada tarea de equilibrar las relaciones en América Latina y con las grandes potencias.





