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En la batalla electoral final, el brasileño Lula encarna las esperanzas de la izquierda en retirada en América Latina

En la batalla electoral final, el brasileño Lula encarna las esperanzas de la izquierda en retirada en América Latina
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva (der.), saluda junto a su ministro de Relaciones Exteriores, Mauro Vieira, durante la primera reunión de delegados del BRICS en Brasilia el 26 de febrero de 2025. (Foto de Evaristo Sa / AFP)
  • El pulso electoral definirá también el futuro de las sólidas alianzas de Brasil con China y el bloque de los BRICS
  • Los progresistas esperan que la reelección de Lula pueda revertir el giro a la derecha en América Latina
  • Las encuestas muestran al líder izquierdista empatado con el hijo del ex presidente de derecha
  • Los aliados de Lula temen que la administración Trump pueda negarse a reconocer el resultado si gana Lula

Por Lisandra Paraguassu y Brendan O’Boyle

Cuando el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se dirigió a la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York este mes, utilizó uno de los mayores escenarios diplomáticos del mundo para lanzar un mensaje que ha llegado a definir la que probablemente sea la última campaña presidencial de su carrera de décadas.

“Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, afirmó entre aplausos, pareciendo presentar la votación del domingo en el país latinoamericano más grande como parte de una batalla más amplia contra las fuerzas antidemocráticas, al tiempo que advirtió sobre la “injerencia extranjera” en la contienda de este año.

Tras una ola de victorias electorales de la derecha que barrió América Latina en los últimos años, impulsada por el regreso de una envalentonada administración Trump en Washington, muchos progresistas ven su candidatura a la reelección frente al senador Flávio Bolsonaro —hijo del exmandatario de extrema derecha Jair Bolsonaro— como un posible punto de inflexión que podría ayudar a revertir la deriva conservadora de la región.

Lula ha intentado presentar al senador Bolsonaro, a quien ha calificado de “nadie” en sus mítines de campaña, como el representante de un movimiento de derecha más amplio, compartiendo imágenes que vinculan al senador con el presidente de Argentina, Javier Milei; el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu; y el presidente de EE. UU., Donald Trump.

Sin embargo, Lula llega al tramo final de la campaña empatado técnicamente con el senador Flávio Bolsonaro, quien compite en lugar de su padre, arrestado por liderar un golpe de Estado fallido tras perder ante Lula en 2022.

A pesar de los logros en la reducción de la desigualdad y el desempleo, el gobierno de Lula sigue lidiando con la frustración de los votantes ante el aumento del costo de vida y no ha logrado superar la polarización que azota al país desde hace casi una década.

El interés internacional en la contienda quedó patente durante la visita de Lula a Nueva York, donde se reunió con progresistas estadounidenses, el alcalde Zohran Mamdani y el senador Bernie Sanders. Los usuarios latinoamericanos en las redes sociales también han estado siguiendo la campaña con intensidad.

“Existe la percepción entre los observadores internacionales de que Brasil no solo está eligiendo a un presidente. Dada la influencia del país, está ayudando a determinar qué bando político saldrá más fuerte en la siguiente fase de una lucha global entre la democracia y el autoritarismo”, señaló Paulo Abrão, director ejecutivo del centro de estudios progresista Washington Brazil Office.

Una persona cercana al presidente indicó que varios líderes presentes en la ONU manifestaron a la delegación brasileña que “nos observan con preocupación sobre qué Brasil tendremos después de estas elecciones”.

“Mientras yo viva”

El regreso de Lula al poder en 2023 coronó un dramático retorno.

Tras dejar el cargo 12 años antes con una aprobación del 87 %, Lula vio cómo la ola de optimismo que había llevado a su partido al poder en 2002 era reemplazada en gran medida por una ola de animadversión.

En 2016, se convirtió en el principal objetivo de una vasta investigación por corrupción mientras Brasil se sumía en el caos, que incluyó la destitución de su sucesora, la ex presidenta Dilma Rousseff.

Lula pasó 580 días en prisión antes de que su condena fuera anulada debido a irregularidades en las investigaciones y los procesos judiciales.

El arresto le impidió postularse contra Jair Bolsonaro, un ex capitán del ejército que llegó al poder en 2018 prometiendo deshacer gran parte de lo que los progresistas habían logrado desde el fin del régimen militar en los años ochenta.

Aun así, Lula se mantuvo como un símbolo para gran parte de la izquierda global, atrayendo visitas que iban desde el ex presidente uruguayo Pepe Mujica hasta el filósofo Noam Chomsky.

Regresó al poder convencido de que Brasil se encontraba en la primera línea de una lucha más amplia contra un movimiento global de derechas.

Los ataques del 8 de enero de 2023 por parte de partidarios de Bolsonaro contra edificios gubernamentales en Brasilia, días después de su investidura, no hicieron más que reforzar esa creencia para muchos.

“Mientras yo viva, la extrema derecha no volverá al poder en este país”, ha repetido en múltiples ocasiones al promover su campaña.

En juego el equilibrio regional

Si bien Lula ha fortalecido los lazos con China, revivido el papel de liderazgo de Brasil en el bloque de economías emergentes BRICS y ampliado su compromiso con Europa, las recientes victorias de la derecha en Sudamérica y una relación de confrontación con la administración Trump lo han dejado cada vez más aislado en el hemisferio occidental.

Algunos diplomáticos brasileños afirman que Washington ve a Brasil como el último gran obstáculo para una hegemonía de gobiernos alineados con Trump en toda América Latina, tras los recientes triunfos en Chile, Colombia, Honduras y Perú, y una expansión sin precedentes del poder estadounidense en Venezuela tras su intervención militar.

En Washington, los progresistas consideran a Lula un “faro de esperanza”, según Alex Main, del Center for Economic and Policy Research, un centro de estudios de tendencia progresista.

En la vecina Argentina, los opositores al presidente libertario Javier Milei ven la posible reelección de Lula como un posible impulso de cara a los comicios del próximo año.

“Si gana Lula, se generará una contracorriente frente a lo que se ha ido afianzando en la región y se demostrará que hay resistencia a estos vientos de derecha”, expresó Santiago Cafiero, diputado y exministro de Relaciones Exteriores.

Diplomáticos de gobiernos liberales en Europa y otras regiones, que han respaldado las iniciativas climáticas progresistas de Brasil, también siguen de cerca el proceso.

“Si se violan los derechos humanos de manera importante o si se deforesta masivamente la Amazonia, nos será mucho más difícil colaborar con Brasil”, advirtió un embajador europeo que pidió el anonimato.

Temores de injerencia

La resistencia de Brasil frente a Trump y sus aranceles parece haber beneficiado a Lula entre ciertos electores, impulsando sus índices de aprobación mientras algunos progresistas bautizaban a Flávio Bolsonaro como “Tariflavio”, en alusión a la reciente visita del senador a EE. UU. para recabar el apoyo de Trump.

Sin embargo, en las últimas semanas, los aliados de Lula han expresado su preocupación de que la administración Trump pueda negarse a reconocer los resultados electorales en caso de que él gane, argumentando que ya se están produciendo intentos de interferencia.

Apuntan a las declaraciones del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, en las que culpaba a Lula del fracaso de unas negociaciones comerciales que desembocaron en mayores aranceles de EE. UU. a los productos brasileños, así como a un intento fallido de enviar a funcionarios estadounidenses a Brasil en una misión para “discutir la integridad electoral”, según el Departamento de Estado.

Antes de las elecciones de 2022, el ex presidente Joe Biden envió al director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) para advertir al ex presidente Bolsonaro que no interfiriera en los comicios, según revelaron fuentes a Reuters en su momento, y se aseguró de que EE. UU. fuera de los primeros países en reconocer el resultado.

La semana pasada, 31 demócratas en el Congreso, incluida la representante estadounidense Alexandria Ocasio-Cortez, instaron a Rubio a respetar el resultado de las elecciones en Brasil.

En una carta, manifestaron su “profunda preocupación” ante una “campaña sostenida y multifacética de injerencia y desestabilización en Brasil”.

El Departamento de Estado no respondió a una solicitud de comentarios, pero ha negado anteriores acusaciones por parte del gobierno de Lula sobre interferencia electoral.

(Información de Lisandra Paraguassu y Brendan O’Boyle en Brasilia; información adicional de Lucila Sigal en Buenos Aires; edición de Aurora Ellis)