El modelo de compromiso de China en América Latina es un factor “real y duradero” que responde a demandas locales, pero su capacidad para influir en resultados políticos durante crisis agudas es limitada, afirmó Parsifal D’Sola, director de la Fundación Andrés Bello, en un testimonio ante la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad de EE. UU. y China (USCC).
D’Sola sostuvo que el avance de Beijing no es una imposición externa, sino el resultado de entrar en espacios donde el compromiso de Estados Unidos ha sido “limitado o inconsistente”. Sin embargo, advirtió que la presencia económica masiva no siempre se traduce en un apalancamiento estratégico real.
El caso Venezuela
Utilizando a Venezuela como eje de su análisis, D’Sola explicó que el país no fue un socio más, sino una de las relaciones “más expuestas políticamente y financieramente intensivas” de China. No obstante, ante el colapso institucional y económico, Beijing optó por una “retirada económica combinada con continuidad retórica”.
“Venezuela mostró que la presencia no es lo mismo que el apalancamiento”, declaró D’Sola. “China tenía profundos lazos económicos y políticos, pero cuando la situación cambió hacia una intervención coercitiva, esos lazos no se tradujeron en influencia sobre los resultados”.
China no escaló [en Venezuela] porque su modelo nunca fue diseñado para una confrontación de poder duro. América Latina no es un teatro de seguridad central para Pekín.
La paradoja de la no intervención
El experto destacó una contradicción inherente al modelo chino: su política formal de “no intervención” le permite operar dentro de sistemas políticos mientras mantiene un “desapego” de las consecuencias de su huella.
“China mantiene una posición de desapego político mientras opera dentro de los sistemas políticos”, afirmó el analista. “China no causó esta trayectoria [de erosión democrática], pero tampoco fue externa a ella”. Según D’Sola, el financiamiento y la tecnología china se vuelven parte de los sistemas domésticos, reforzando trayectorias existentes sin dictar formalmente la gobernanza.
El riesgo principal para EEUU no es la presencia de China… es diagnosticar erróneamente por qué esa presencia existe en primer lugar. China no ha desplazado a Estados Unidos; entró donde existía una demanda.
Ventaja estructural frente a ventaja relacional
A pesar de los límites de su poder duro, D’Sola enfatizó que China no se está retirando de la región porque las condiciones estructurales —déficits de infraestructura y necesidad de financiamiento— permanecen intactas.
Sin embargo, subrayó que Washington posee una ventaja estratégica “que China no puede replicar”: la profundidad de los vínculos humanos, culturales e institucionales. “La participación de China es fuerte en sectores, pero superficial en la sociedad”, señaló, advirtiendo que esta ventaja de EE. UU. puede erosionarse si se prioriza “el control sobre la asociación”.
- Sobre la identidad regional: “No existe tal cosa como América Latina. La región está profundamente fragmentada política, económica e institucionalmente. Por lo tanto, China… no se relaciona con ella como un espacio unificado”.
- Sobre la naturaleza del avance chino: “La influencia de China en América Latina no es impuesta. Está mediada por las realidades locales”.
- Sobre los límites militares y de seguridad: “China no escaló [en Venezuela] porque su modelo nunca fue diseñado para una confrontación de poder duro. América Latina no es un teatro de seguridad central para Beijing”.
- Sobre el diagnóstico de EE. UU.: “El riesgo principal para los EE. UU. no es la presencia de China… es diagnosticar erróneamente por qué esa presencia existe en primer lugar. China no ha desplazado a Estados Unidos; entró donde existía una demanda”.



