La reciente operación estadounidense para capturar a Nicolás Maduro en Caracas ha situado a China como uno de los críticos más vocales a nivel global. Sin embargo, para Eric Olander, editor jefe del China Global South Project, la importancia de Venezuela en la estrategia de Pekín debe ser reevaluada bajo una óptica de pragmatismo económico y jerarquía geopolítica.
Según Olander, aunque Pekín ha invertido decenas de miles de millones de dólares en el país petrolero, Venezuela no ocupa el primer nivel en la escala de prioridades chinas en América Latina.
Una jerarquía de intereses
Para el analista, la relevancia de Venezuela palidece ante otros activos regionales. Olander identifica a Brasil como el verdadero “epicentro” del compromiso chino en Sudamérica, con una magnitud de intercambio e influencia muy superior a la venezolana.
Aun más crítico para Pekín es el acceso al Canal de Panamá. “Eso es algo que les preocupa enormemente ahora que la administración Trump indica que quiere intentar bloquear el acceso chino al canal”, afirmó Olander.
En su análisis, el control estratégico de esta vía interoceánica y la estabilidad en Brasil son los pilares que China no está dispuesta a ver comprometidos, a diferencia de su relación con el régimen de Maduro.
Riesgo financiero y seguridad energética
Olander subraya que, aunque China inyectó aproximadamente 106 000 millones de dólares en préstamos a Venezuela entre 2000 y 2023 —principalmente bajo acuerdos de petróleo por infraestructura—, el flujo de capital se detuvo significativamente hacia 2016 tras el fracaso de acuerdos similares en otras regiones como Angola.
En términos de suministro, el analista destaca que la interrupción del crudo venezolano no constituye una amenaza existencial. Con un comercio bidireccional de 6 400 millones de dólares y una dependencia petrolera que representa menos del 5% de las importaciones totales de China, el suministro puede ser compensado mediante otros proveedores como Arabia Saudita, Rusia o Brasil.
El factor tiempo y la política interna de Estados Unidos
Olander cuestiona la narrativa de una victoria geopolítica definitiva para Washington. Citando el precedente de la guerra de Irak —donde, a pesar de la intervención de Estados Unidos, China terminó siendo el mayor comprador de petróleo iraquí—, el analista sugiere que es prematuro determinar si este evento representa un golpe real para Pekín.
“Trump mismo dijo que dejaría fluir el petróleo chino”, recordó Olander, señalando además que la debilidad política interna del presidente estadounidense y las próximas elecciones de mitad de periodo podrían distraer a Washington, permitiendo que la influencia china se reajuste en el largo plazo.




