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ENTREVISTA: ¿Puede EEUU desplazar a China de Sudamérica?

Trabajadores son vistos en el "megapuerto" de Chancay, en la pequeña localidad de Chancay, a 78 kilómetros al norte de la capital peruana, Lima, el 29 de octubre de 2024. El puerto será inaugurado el 14 de noviembre de 2024 por la presidenta peruana, Dina Boluarte, y su homólogo chino, Xi Jinping, en el marco de la cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en Lima. (Foto de Cris BOURONCLE / AFP)

En un escenario global marcado por la competencia estratégica entre las dos potencias más grandes del mundo, el papel de América Latina ha dejado de ser periférico para convertirse en un terreno crítico de influencia.

Mientras Washington observa con creciente inquietud el avance de Pekín sobre infraestructuras vitales —desde redes eléctricas hasta megapuertos como el de Chancay—, surge una interrogante ineludible: ¿Tiene Estados Unidos la capacidad real de frenar o reemplazar la presencia económica de China en la región?

Para profundizar en este complejo equilibrio geopolítico, conversamos con Carlos Aquino Rodríguez, una de las voces más autorizadas en el país sobre las relaciones entre Asia y América Latina. Doctor en Economía por la Universidad de Kobe (Japón), docente de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y director del Centro de Estudios Asiáticos (CEAS) de la misma casa de estudios. Aquino combina una sólida trayectoria académica con una visión pragmática del comercio internacional

MARÍA CERVANTES: Estados Unidos ha expresado su preocupación por el control chino sobre infraestructura crítica. ¿Podría Washington realmente sacar a China de la región?

CARLOS AQUINO: Es imposible que saques a China de Latinoamérica por una sencilla razón: ¿quién la va a reemplazar? Y Estados Unidos no puede. Estados Unidos entiende que no puede reemplazar a China económicamente, no tiene la capacidad porque sus empresas se están yendo.

Funcionarios de Estados Unidos habían advertido y aconsejado al gobierno de Perú que tengan cuidado porque China está controlando la infraestructura básica, vital del país.

Es irónico: Estados Unidos se quejaba de que un Estado extranjero controle la distribución eléctrica, pero ¿de qué país era Enel? ¡Era italiana! ¿Y quién era el dueño de Luz del Sur?

Era Sempra Energy, una empresa de Estados Unidos. ¡Ellos mismos se la vendieron a los chinos! Las empresas privadas de Estados Unidos no trabajan a pérdida; si no ganan, se van.

 Estados Unidos entiende que no puede reemplazar a China económicamente

Los chinos sí pueden trabajar a pérdida los primeros años porque su visión es de largo plazo. Estados Unidos no tiene la capacidad porque sus empresas se están retirando.

Pero no solo eso; si te fijas en las exportaciones, el 36% de todo lo que Perú vendió al mundo el año pasado fue a China. ¿Y cuánto crees que fue a Estados Unidos? Solo el 11%. Es decir, China compra a Perú más de tres veces lo que compra Estados Unidos. Hoy es, de lejos, el mayor socio comercial, representando más de un tercio de las ventas externas de Perú.

Y esta tendencia va a aumentar. Te explico por qué, y esto responde también a tu pregunta anterior: es imposible que Estados Unidos desplace a China de Latinoamérica por razones muy sencillas.

¿Qué exporta el Perú? Entre el 70% y 80% son materias primas: minerales, energía, productos pesqueros y alimentos. ¿Y dónde está el mercado para eso? Ya no está en Estados Unidos ni en Europa.

El mercado para los recursos mineros y energéticos es la industria manufacturera, y esa industria se mudó de Occidente al Asia y a China hace décadas.

Imagínate que le hiciéramos caso a Estados Unidos y dejáramos de venderle a China: ellos compran el 70% de nuestro cobre. ¿Quién más compraría ese volumen? Ni Estados Unidos, ni Japón, ni Europa tienen esa capacidad de absorción.

Por eso, te guste o no, China es el mercado. Lo mismo ocurre con el resto de Sudamérica. La excepción es México y algunos países centroamericanos que, por geografía e historia, están integrados a Estados Unidos.

MARÍA CERVANTES: ¿Cuál es entonces la respuesta de EEUU en el tablero geopolítico para frenar esta influencia?

CARLOS AQUINO: Lo que sí Estados Unidos puede hacer son dos cosas. Uno es limitar la influencia de China al ámbito estrictamente económico, evitando que esta se traslade al plano político y, lo que más les preocupa, al militar.

Mira Venezuela: su relación comercial con China era mínima comparada con la de Perú, pero Estados Unidos intervino porque veía que se volvía una cabeza de playa de Rusia y de Irán.

Lo segundo que está haciendo, y es obvio, es fortalecer los lazos militares. El Perú va a ser nombrado un aliado no-OTAN grande en Latinoamérica; es el único después de Argentina, Chile y México. Estados Unidos puede fortalecer su presencia militar.

Viste la inversión que van a hacer en la base naval del Callao; bueno, Estados Unidos va a tener presencia ahí, así que pueden vigilar a los chinos en Chancay.

Y es probable que ahora el Perú compre los 24 aviones de guerra F-16 a Estados Unidos, porque viene Marco Rubio, el arquitecto de esta política cada vez más asertiva. Van a reforzar su alianza política y militar para compensar lo económico.

Latinoamérica es de las pocas regiones en el mundo superavitaria en recursos naturales y alimentos. Así nos industrialicemos, tenemos de sobra cobre, hierro, carne y soja. Esos recursos son, justamente, lo que a China le falta

MARÍA CERVANTES: ¿Cómo juegan los tiempos en esta competencia? ¿China se siente presionada por la postura agresiva de Washington?

CARLOS AQUINO: Los chinos trabajan a largo plazo. En cuatro años la política de Estados Unidos va a cambiar porque Trump no puede ser reelegido. Gane un republicano o un demócrata después, la política cambiará porque si Estados Unidos continúa con esta política tan agresiva, va a seguir perdiendo apoyo en los países; a nadie le gusta que le impongan cosas.

China ve a diez años, cuando quizá nadie se acuerde de Trump. Los chinos nos necesitan tanto como nosotros a ellos. Latinoamérica es de las pocas regiones en el mundo superavitaria en recursos naturales y alimentos. Así nos industrialicemos, tenemos de sobra cobre, hierro, carne y soja. Esos recursos son, justamente, lo que a China le falta.

La relación de China con Latinoamérica es una relación, creo, como decimos los economistas, complementaria. Los dos nos necesitamos. Y creo yo, por lo menos hasta ahora, en grandes términos, ha sido bastante beneficiosa para ambos.

MARÍA CERVANTES: Carlos, considerando esta presión de Washington, ¿cómo calificas la naturaleza real de la relación con China? ¿Es un riesgo o un beneficio mutuo?

CARLOS AQUINO: Yo personalmente creo que nuestra relación con China es muy buena, no creo que nos peleemos.

Sin embargo, un país no puede ser dependiente del otro; si lo haces, el otro no le queda más que aceptar todo lo que el otro país te diga. México es totalmente dependiente de Estados Unidos: el 80% de lo que exporta se va allá. Por eso Trump le dice a Claudia Sheinbaum que deje de enviar petróleo a Cuba y ella tiene que hacerlo.

Me temo que algunos países de Latinoamérica se están encaminando en ese sentido con China. El 36% de lo que vendemos es a China, el 70% del cobre es a China.

El año pasado, más de la mitad del superávit comercial del Perú fue con China. Imagínate tú que China se moleste con nosotros y no nos compra: no solo van a bajarnos los ingresos, sino que el gran superávit que tenemos va a caer.

MARÍA CERVANTES: Finalmente, ante esta competencia global y la llegada de figuras como Marco Rubio, ¿ves a la clase política de Perú preparada para manejar este equilibrio?

CARLOS AQUINO: ¡Imagínate! Va a venir Marco Rubio, el arquitecto de esta política de Estados Unidos. ¿Y de qué pueden conversar si el presidente está envuelto en estos casos con los chinos? Le quitas autoridad. Nuestros políticos tienen un desconocimiento total. En otros países se apoyan en su burocracia, su comunidad empresarial y académica; aquí no ven eso.

No obstante, el Perú tiene opciones: no somos México ni Venezuela. Tenemos muchos socios comerciales y una situación geográfica privilegiada; somos la puerta de entrada de Asia a América del Sur. Ojalá lo aprovechemos bien y, en particular, ojalá nuestros políticos estén a la altura de las circunstancias. Eso es lo que nos falta.