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ENTREVISTA: China pasa del comercio a la geopolítica en América Latina — lo que revela su nuevo documento

El presidente de China, Xi Jinping, aplaude durante una ceremonia de firma en el Gran Palacio del Pueblo en Pekín el 28 de junio de 2024. (Foto de Jade GAO / POOL / AFP)

En un momento en que la competencia estratégica entre China y Estados Unidos se intensifica y América Latina vuelve a colocarse en el centro del tablero geopolítico, Pekín ha publicado su nuevo documento de política hacia la región, el primero desde 2016.

Para comprender el alcance, los matices y las implicancias de este texto —que redefine las prioridades chinas y reordena su relación con los países latinoamericanos— conversamos con Parsifal D’Sola Alvarado, fundador y director ejecutivo de la Fundación Andrés Bello – Centro de Investigación Chino Latinoamericano.

Analista especializado en política exterior china y referente regional en el estudio de las relaciones sino-latinoamericanas, D’Sola desglosa en esta entrevista cómo han evolucionado los tres documentos de política china (2008, 2016 y 2025), qué busca realmente Pekín con su nueva narrativa civilizatoria y qué puede esperar América Latina en un escenario marcado por la creciente rivalidad entre las grandes potencias.

María Cervantes: Parsifal, explícanos los tres documentos de política de China hacia América Latina (2008, 2016 y 2025). ¿Qué busca Pekín con ellos?

Parsifal D’Sola: Hay dos objetivos principales. El primero, evidente, es comunicar a los países de la región cuáles son las prioridades chinas y ofrecer un mapa de ruta. El segundo, que suele pasar más desapercibido, es proyectar la propia imagen de China. Los mismos eslóganes y la jerga oficial que vemos en el documento para América Latina aparecen también en los que publica para África, el Sureste Asiático, Estados Unidos o Europa.

La narrativa de cómo China se vende va cambiando con el tiempo, y los tres documentos lo reflejan perfectamente.

María Cervantes: Empecemos por el de 2008. ¿Cómo era?

Parsifal D’Sola: Era muy técnico, más un catálogo de áreas de cooperación que un manifiesto político. El mundo se describía como en transición hacia la multipolaridad y con una globalización que se profundizaba.

China se presentaba como el mayor país en desarrollo comprometido con el desarrollo pacífico y la construcción de un mundo armonioso. América Latina aparecía como “una fuerza relevante entre los países en desarrollo” con gran potencial y fuerte aspiración integracionista.

En 2008 la ola rosa estaba en su apogeo: Chávez, Lula, Kirchner, el ALBA… China se acomodó a ese contexto. El lenguaje era sobrio, sin grandes eslóganes. Básicamente un listado pragmático: comercio, inversión, infraestructura, agricultura, energía, finanzas.

María Cervantes: ¿Las relaciones ya eran intensas en 2008?

Parsifal D’Sola: Habían empezado a despegar desde 2002-2003, cuando China entró en la OMC. Ahí se desató el boom global de commodities, y América del Sur fue uno de los grandes beneficiados. Para cuando salió el documento ya llevaban cinco o seis años de profundización real, sobre todo comercial y canalizada a través de gobiernos de izquierda.

María Cervantes: ¿Y el documento de 2016? ¿Qué cambió?

Parsifal D’Sola: Todo. Estamos en otro mundo. Xi Jinping lleva tres años en el poder (2013) y ya ha iniciado las purgas internas más grandes desde Mao, camufladas bajo la campaña anticorrupción. Elimina rivales, coloca gente de confianza en el Buró Político Permanente y reformula por completo el léxico político interno y externo.

El documento de 2016 ya no es un catálogo: es un plan estructurado, con plazos, sectores y fuerte componente ideológico. Aparece por primera vez el término “Sur Global”. América Latina ya no es solo “importante”; es “tierra maravillosa, repleta de vitalidad y esperanza”.

El diagnóstico global habla de “cambios profundos en el sistema internacional” (eco de Crimea, fricciones con EE.UU.). Y la Iniciativa de la Franja y la Ruta, aunque aún no se había oficializado para América Latina, ya se siente como la punta de lanza.

María Cervantes: Y ahora el de 2025. ¿Cuál es la gran diferencia?

Parsifal D’Sola: Es un salto sustancial. Desaparecen las matrices numéricas típicas chinas (3×3, 6x3x1) y la relación se reorganiza en cuatro grandes programas: político-diplomático, desarrollo, seguridad y societal.

Cada uno está alineado con una de las grandes iniciativas globales de Xi. América Latina deja de ser un capítulo de cooperación económica y pasa a ser un laboratorio regional donde se aplican los paquetes de la agenda internacional china: comunidad de destino compartido, intercambio entre civilizaciones, etc.

Además, Pekín adopta frases del propio léxico latinoamericano, como “zona de paz” que usan Petro, Lula o incluso políticos de derecha.

María Cervantes: ¿Por qué ahora hablan de “civilización” y “destino compartido”?

Parsifal D’Sola: Esos conceptos nacen en los últimos cuatro o cinco años. China ya no se presenta solo como país en desarrollo; habla de la “revitalización de la nación china” tras dos siglos de humillación.

Al hablar de “intercambio entre civilizaciones” coloca a China como una civilización, Occidente como otra, América Latina como otra, África como otra… y automáticamente rebaja a Estados Unidos de potencia hegemónica a una civilización más entre varias.

María Cervantes: ¿Esto es nuevo en política exterior china?

Parsifal D’Sola: Completamente. Antes no existía este léxico. Xi lo crea, lo consolida internamente (incluso modifica la Constitución para incluir su pensamiento junto al de Mao) y ahora lo exporta. Es la misma lógica que Estados Unidos lleva cien años usando con la promoción de la democracia: crear conceptos que justifiquen y enmarquen tu acción internacional.

María Cervantes: Mencionas África como antecedente. ¿Qué paralelismo hay?

Parsifal D’Sola: Muchísimo. Si quieres saber qué hará China en América Latina en cinco años, mira qué está haciendo en África hoy. Becas, programas para periodistas, Institutos Confucio, grandes “regalos” de infraestructura… todo empezó en África en los 2000 y llegó aquí en los 2010.

Compartimos con África recursos, historia colonial. La diferencia es que en África Europa tiene más peso histórico y en América Latina está Estados Unidos.

María Cervantes: ¿El documento de 2025 es una respuesta al Corolario Trump?

Parsifal D’Sola: Coincidencia, no respuesta directa. Mucha gente que seguimos el tema ya esperábamos un nuevo documento porque habían pasado nueve años del anterior. Quizás lo adelantaron unas semanas al ver el de EE.UU., pero no está escrito como réplica.

María Cervantes: ¿Cómo comparas ambos documentos?

Parsifal D’Sola: No son comparables en objetivo: uno es estrategia de seguridad nacional (EE.UU.) y el otro es mapa general de relacionamiento (China). Pero sí en tono: China siempre habla en positivo (desarrollo, futuro compartido, ganar-ganar); Estados Unidos habla de problemas (narcotráfico, migración, influencia china).

China incluye por primera vez cooperación en seguridad, aunque sin concretar. Eso puede generar fricciones, sobre todo en telecomunicaciones y observatorios (Patagonia, Brasil), pero no creo que Pekín cruce líneas rojas militares en la región, salvo con Venezuela, Cuba o Nicaragua.

María Cervantes: ¿Qué le espera a América Latina en este nuevo escenario?

Parsifal D’Sola: Tiempos turbulentos, pero también con espacio de maniobra. Habrá choques entre China y EE.UU. con la región como terreno de juego. En seguridad y militar, los países saben que los beneficios de cooperar con Washington son enormes y no los van a arriesgar. China lo sabe y no forzará.

En cambio, en energía verde, ciudades inteligentes, vehículos eléctricos, procesamiento de minerales críticos y seguridad alimentaria, China viene con todo y EE.UU. pinta poco. Al final, puede haber complementariedad más que confrontación directa.