El reciente acercamiento diplomático de Uruguay con China destaca un delicado equilibrio geopolítico: mientras Montevideo ofrece gestos políticos a Pekín para mantener abierta su principal vía comercial, busca evitar una confrontación directa con Washington mediante omisiones estratégicas en sectores financieros clave.
A pesar de la firma de unos 20 acuerdos durante la visita oficial del presidente uruguayo en 2026, la relación carece de la profundidad estructural vista en otros países de la región, según Ignacio Bartesaghi, director del Instituto de Negocios Internacionales de la Universidad Católica del Uruguay (UCU).
Para el experto, Uruguay sigue siendo, paradójicamente, una de las naciones sudamericanas con menor influencia real de capitales chinos.
Gestos y omisiones
La pieza central de la estrategia uruguaya reside en lo que no se incluyó en la declaración conjunta. La omisión del ingreso de Uruguay al Nuevo Banco de Desarrollo (NBD), conocido como el “Banco de los BRICS”, es una concesión deliberada hacia Estados Unidos, afirmó Bartesaghi.
“No hay mención al Nuevo Banco de Desarrollo… eso sí podría ser una especie de concesión a Estados Unidos para evitar un enfrentamiento”, señaló el analista.
El banco, liderado por China, es visto por Washington como un desafío a las instituciones financieras tradicionales.
El “costo” bajo la administración Trump
En el actual contexto de la administración Trump en Estados Unidos, el lenguaje diplomático ha adquirido un nuevo peso. Cada mención de Uruguay apoyando las iniciativas de gobernanza global de China o su postura sobre Inteligencia Artificial (IA) conlleva un riesgo político mayor que en años anteriores.
“No es lo mismo una declaración de este tipo con Biden que con Trump”, advirtió Bartesaghi, subrayando que Washington ya ha enviado señales negativas, como la restricción de visados de inmigrante para ciudadanos uruguayos, una medida interpretada como una respuesta al posicionamiento geopolítico de Montevideo.
Una influencia “magra”
A diferencia de vecinos como Argentina, Brasil o Perú, donde China controla infraestructura crítica como puertos o minas, la presencia china en Uruguay se limita casi exclusivamente al comercio de bienes.
Bartesaghi destacó que Uruguay cuenta con apenas 300 residentes chinos y carece de bancos o inversiones estratégicas que consoliden una influencia profunda.
En ese sentido, los acuerdos en biotecnología y 5G son descritos por el académico como “acuerdos marco” de carácter general, más que inversiones de capital sustanciales.
Una misión “pomposa” pero precipitada
Bartesaghi sostiene que el viaje presidencial tuvo un fuerte componente de improvisación política, concretándose principalmente por una invitación directa de Pekín que Uruguay “no pudo rechazar”.
El resultado fue una misión con una delegación de 150 personas que le dio una “pomposidad” que contrastó con resultados comerciales que el experto califica como no sustanciales.
El dilema de los recursos estratégicos
A diferencia de Perú, Chile o Brasil, Uruguay enfrenta barreras estructurales para atraer capitales chinos: la ausencia de minerales críticos o energía a gran escala.
Bartesaghi explica que el país es percibido como un mercado pequeño con mano de obra cara y regulaciones rígidas, lo que limita la relación casi exclusivamente al intercambio de bienes.
El factor Rinaldi
La gestión de esta tensión recae en el embajador estadounidense en Montevideo, Louis Rinaldi, a quien Bartesaghi describe como una figura cercana a Donald Trump y con profundo conocimiento de Uruguay.
El objetivo diplomático es convencer a Washington de que Uruguay “no es un problema”, dada la nula presencia de bancos chinos, barrios chinos o inversiones estratégicas en el país




