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El caso de EEUU y Venezuela no puede aplicarse a Taiwán, afirma un académico chino

Shen Yi, académico de la Universidad de Fudan, respondió a las afirmaciones del exdirigente del Partido Republicano de EE. UU. de que China utilizaría a Venezuela como pretexto para invadir Taiwán.

«Si Estados Unidos puede hacerle esto a un país soberano, ¿por qué no puede China continental hacer lo mismo con Taiwán?».

Las capturas de pantalla de la publicación en Facebook de Ross Feingold, expresidente para Asia-Pacífico del Partido Republicano de Estados Unidos, circularon ampliamente junto con breves fragmentos de vídeo de Shen Yi, profesor de política internacional en la Universidad de Fudan, quien era entrevistado sobre lo que el incidente de Venezuela podría significar para China.

En la entrevista, Shen abordó dos cuestiones. La primera se refería a cómo la inestabilidad política en Venezuela podría afectar a la inversión china en el país y en todo el hemisferio occidental.

La segunda planteaba si China podría, algún día, seguir el ejemplo de Estados Unidos en Venezuela al tratar con Taiwán.

Sobre la cuestión de las inversiones, Shen afirmó que la incertidumbre probablemente predominaría a corto plazo. El impacto en los intereses comerciales chinos, sostuvo, dependería de si un futuro gobierno de transición en Venezuela se inclinara hacia Washington o hacia Pekín, así como de la postura de las fuerzas armadas del país.

Shen enfatizó que las fuerzas armadas de Venezuela se encuentran entre los grupos de interés más poderosos de la nación.

Señaló a Irak como un ejemplo de advertencia, argumentando que el fracaso de Estados Unidos allí no comenzó con la invasión en sí, sino con las decisiones de posguerra de disolver el ejército, la policía y el partido gobernante; medidas que amenazaron directamente las estructuras de poder establecidas y desencadenaron una violencia generalizada.

Si Estados Unidos se adapta a los militares de Venezuela, sugirió Shen, podría evitar el despliegue de tropas terrestres. Si no lo hace, cuestionó si las fuerzas políticas pro-Estados Unidos podrían realmente ganar unas elecciones y reprimir la resistencia militar.

Si eso fuera fácil, preguntó, ¿por qué las anteriores administraciones estadounidenses no habían logrado conseguirlo?

Amplió el argumento más allá de Taiwán y planteó cómo los países que dependen de las grandes potencias evalúan sus opciones.

¿Preferirían un protector capaz de entrar por la fuerza en un país, arrestar a su líder y trasladarlo al extranjero para ser juzgado? ¿O una potencia que se presenta como próspera, predecible e inclinada a la negociación y al crecimiento económico compartido?

Shen descartó por carecer de sentido la idea de que China «arreste» al líder taiwanés, Lai Ching-te. Sostuvo que, desde la perspectiva de Pekín, Taiwán no es un Estado soberano y que, si China llegara a emplear la fuerza, no se trataría de un cambio de régimen, sino que marcaría el fin definitivo del conflicto.

Afirmó que imitar el enfoque estadounidense en Asia Oriental significaría, lógicamente, fijar como objetivo a los líderes de aliados de Estados Unidos, tales como Filipinas o Japón.

Shen definió el papel de China como un factor de estabilidad en un mundo cada vez más incierto. El trasfondo de la cuestión, argumentó, es si el orden posterior a la Guerra Fría avanza hacia el siglo XXI o retrocede a la política de poder propia del siglo XIX.

Según su relato, las acciones de Estados Unidos ya han respondido a esa pregunta, mientras que China rechaza ese camino.

Al retomar el tema de Taiwán hacia el final de la entrevista, Shen señaló que los dirigentes de la isla son plenamente conscientes de la capacidad del continente para realizar ataques de precisión rápidos.

Sostuvo que apelar al derecho internacional ofrece escasa protección. Lo que refrena a Pekín, dijo, no es la falta de capacidad, sino la buena voluntad hacia sus compatriotas chinos.

¿Por qué es importante?

Ante un Estados Unidos cada vez más impredecible y coercitivo, China se proyecta como un modelo de contraste. Pekín enfatiza que su ascenso tiene como fin proporcionar orden en lugar de causar disrupción, un mensaje central en la estrategia de China para expandir su influencia en un sistema global más fragmentado.