Donald Trump declaró la semana pasada que Estados Unidos intervendría en Groenlandia «les guste o no», un comentario que despertó la preocupación europea sobre la soberanía danesa.
Sin embargo, un académico chino sostiene que el episodio de Groenlandia es inseparable de los acontecimientos en Venezuela, lo que refleja la misma lógica estratégica que marcó el comportamiento de Estados Unidos durante su segundo mandato.
En un artículo publicado recientemente en el canal de WeChat del laboratorio de ideas China Going Global (中国走出去智库), Sun Chenghao, investigador del Centro de Estrategia y Seguridad Internacional de la Universidad de Tsinghua, señala los debates habituales sobre si Estados Unidos está experimentando un «repliegue estratégico» o construyendo una «nueva forma de hegemonía».
Sun considera que estas dos estrategias no son mutuamente excluyentes. Estados Unidos se está retirando de compromisos globales costosos e institucionalizados, mientras intensifica simultáneamente el control sobre un conjunto más estrecho de nodos críticos: regiones, rutas y activos clave considerados esenciales para la seguridad nacional.
Esta «hegemonía selectiva» depende menos de reglas universales y promesas estables, y más de aranceles, sanciones, acciones coercitivas, disuasión militar limitada y negociaciones caso por caso.
La “contracción” de la administración Trump no busca retirarse de los asuntos internacionales, sino más bien de reducir el suministro de bienes públicos globales institucionalizados, costosos y de largo plazo.
En el caso de Venezuela, Sun destaca cómo Washington combina la aplicación de la ley, la presión militar y las narrativas políticas para crear hechos consumados.
Una vez que un asunto se vincula con la seguridad nacional —migración, delincuencia transnacional o estabilidad regional—, Estados Unidos actúa de forma unilateral y rápida, aumentando los riesgos de efectos colaterales regionales y desafiando la confianza de los estados vecinos en su propia soberanía.
Groenlandia refleja la misma lógica aplicada a activos estratégicos en lugar de a regímenes. Su posición en el Ártico es crucial para la alerta temprana, la defensa antimisiles y la vigilancia espacial, mientras que sus minerales son factores clave para la seguridad de la cadena de suministro estadounidense.
Los analistas notan un cambio de tono hacia los aliados, en el que las preocupaciones territoriales se reformulan como asuntos transaccionales de responsabilidad de seguridad, reparto de costes y acceso, a menudo acompañados de una retórica coercitiva.
Sun afirmó que la cuestión central para la comunidad internacional ya no es si Estados Unidos se está retirando de los asuntos mundiales, sino cómo participará y cómo otros actores pueden gestionar el riesgo y la estabilidad ante esta transformación.
¿Por qué es importante?
China observa de cerca a Groenlandia. Más allá de la seguridad de los recursos y el acceso marítimo, esta isla sirve como un «pivote ártico» estratégico que podría contrarrestar la influencia global de Estados Unidos.
China favorece la participación en el Ártico mediante la cooperación pacífica y se opone a las acciones expansionistas estadounidenses justificadas bajo la apariencia de «seguridad nacional».




