El salto de productividad impulsado por la automatización y la inteligencia artificial en China se ha convertido en el principal motor de reestructuración de su economía, un proceso que reconfigura de forma directa la relación comercial, financiera y geopolítica de Pekín con América Latina, según el diplomático y exembajador brasileño en la capital china, Marcos Caramuru.
En entrevista con el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC), Caramuru sostuvo que la apuesta tecnológica del gigante asiático no representa un desarrollo sectorial aislado, sino el eje estructural que explica el comportamiento global de Pekín: desde el crecimiento de sus exportaciones industriales hasta la competencia con Estados Unidos por insumos estratégicos.
A continuación, los cuatro ejes del impacto derivado de la transformación tecnológica china sobre las economías emergentes de la región, según el análisis del diplomático:
Incremento de saldos exportables y presión sobre la industria local
La integración de robótica e IA en las factorías chinas ha elevado la capacidad de producción industrial. Ante la debilidad del consumo interno en el mercado chino, las empresas vuelcan sus excedentes hacia el exterior, lo que incrementa la competencia para los productores locales de los países receptores.
“¿Qué hay detrás de este crecimiento de las exportaciones? Hay una parte que es ganancia de productividad por la tecnología… pero hay una parte que es una competencia predatoria interna muy grande. Las empresas chinas compiten entre sí en el mercado doméstico de forma feroz, los precios caen, el mercado interno no lo absorbe todo y la salida para sobrevivir es exportar”, dijo Caramuru.
Ante este escenario, el diplomático señala que los gobiernos latinoamericanos se verán ante la necesidad de evaluar instrumentos de defensa comercial y medidas antidumping para resguardar su tejido manufacturero.
Reconfiguración de la competencia geopolítica
El desarrollo técnico chino desplaza el centro de la rivalidad entre Washington y Pekín desde el comercio de bienes tradicionales hacia el dominio de tecnologías avanzadas e infraestructuras estratégicas.
Frente a las presiones indirectas que esto genera sobre la gestión de recursos críticos y redes digitales en América Latina, Caramuru plantea que la región debe mantener una postura pragmática, evitando alineamientos ideológicos y fortaleciendo la capacidad técnica de sus agencias reguladoras locales para negociar con ambos bloques.
Complementariedad en tecnologías limpias y financiamiento
La posición de China en industrias de descarbonización —como baterías, movilidad eléctrica y energía solar— encuentra un punto de convergencia con las reservas de litio, cobre y la matriz energética de América Latina.
Según el análisis, esta complementariedad abre espacio para la atracción de joint ventures y fondos de private equityenfocados en la economía real, al tiempo que impulsa el interés por emitir deuda soberana en Renminbi (yuanes) para fijar tasas de referencia (benchmarks) en el mercado financiero chino.
“A medida que las empresas chinas vienen para acá con inversión directa y manufactura, van a necesitar capitalizar a sus socios locales. El flujo de capitales y el ‘private equity’ van a tener que acompañar a la economía real y el financiamiento de esa presencia productiva”, afirmó Caramuru.
Enfoques contrapuestos en la adopción normativa
A diferencia del modelo occidental o europeo, enfocado en marcos regulatorios preventivos para contener los impactos de la IA y la automatización, el esquema chino prioriza el despliegue tecnológico inmediato para consolidar ventajas de escala a largo plazo, asumiendo los costos de transición en el mercado laboral.
Desde la perspectiva de Caramuru, el desafío para América Latina radica en acelerar la incorporación de estas herramientas tecnológicas en sus sectores productivos, evitando barreras normativas tempranas que frenen la innovación local.



