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Cómo el hidrógeno verde está abriendo un nuevo capítulo en las relaciones entre China y América Latina

La Conferencia Ministerial sobre Combustibles Sostenibles, a la que asisten ministros de diversos países, se celebra en la ciudad de Osaka, prefectura de Osaka, Japón, el 15 de septiembre de 2025. (Foto de Osamu Kanazawa / The Yomiuri Shimbun via AFP)

En un contexto global marcado por la urgencia climática y la transición hacia energías más limpias, el hidrógeno verde —combustible producido mediante la electrólisis del agua con energía renovable, que separa el hidrógeno del oxígeno— se ha consolidado como un vector estratégico para la descarbonización.

A diferencia de la energía solar o eólica, que generan electricidad directamente, el hidrógeno verde almacena energía en una forma transportable y utilizable en sectores como el transporte (incluidos los vehículos de pila de combustible), la industria y la generación eléctrica, especialmente en aquellos difíciles de electrificar. Esta capacidad lo convierte en un componente clave de la transición climática, al complementar otras renovables aportando flexibilidad y almacenamiento.

América Latina, rica en recursos renovables como el sol y el viento, se ha convertido en un destino prioritario para la inversión china en producción de hidrógeno verde. El proceso consiste habitualmente en utilizar energía solar o eólica para alimentar la electrólisis que separa las moléculas de agua y produce hidrógeno gaseoso sin emisiones. Chile, por ejemplo, aprovecha la abundante radiación solar del norte para alimentar plantas de electrólisis y generar hidrógeno verde tanto para consumo interno como para exportación.

China comenzó a entrar activamente en el espacio latinoamericano del hidrógeno alrededor de 2023, apoyándose en acuerdos bilaterales, financiación competitiva y cooperación tecnológica. En contraste, Estados Unidos y la Unión Europea reaccionaron inicialmente con mayor lentitud y políticas fragmentadas o inconsistentes.

A partir de la administración Biden (2021 en adelante), tanto Washington como Bruselas intensificaron los esfuerzos diplomáticos y financieros para involucrar a los países latinoamericanos en hidrógeno verde, aunque algunas iniciativas sufrieron interrupciones o retrasos durante administraciones estadounidenses previas, como la de Trump.

La ausencia de una política unificada en la región podría limitar la capacidad de Europa para promover e implementar eficazmente iniciativas de hidrógeno verde, dado que América Latina enfrenta desafíos particulares que requieren estrategias adaptadas a su contexto.

Gracias a sus iniciativas tempranas e inversiones considerables, Pekín está en condiciones de reforzar su influencia en la configuración del panorama energético latinoamericano, lo que supone un desafío a la dominancia histórica de Estados Unidos y la Unión Europea en la gobernanza global de la energía limpia.

Por ejemplo, diversas economías locales siguen dependiendo de fuentes de energía fósil y carecen de infraestructura suficiente. Por ello, la postura prudente de la Unión Europea refleja la necesidad de considerar cuidadosamente las circunstancias locales antes de realizar inversiones significativas; comprender estas particularidades resulta fundamental para analizar la evolución de la diplomacia energética global.

La creciente presencia china ha impulsado a Washington y Bruselas a intensificar la cooperación, los acuerdos, los paquetes de financiación y los intercambios tecnológicos en América Latina. Sin embargo, las políticas comerciales estadounidenses, como los aranceles sobre componentes de energía limpia procedentes de Pekín, han reconfigurado las cadenas de suministro y han incentivado a China a profundizar sus vínculos con socios del sur global, incluidos los países latinoamericanos, como vías alternativas para garantizar la seguridad de recursos y la expansión de mercados.

Un momento emblemático fue el Foro Ministerial China-CELAC celebrado en Pekín en mayo de 2025, donde Brasil, Chile y Argentina firmaron acuerdos con China sobre desarrollo de tecnologías limpias, financiación de infraestructuras y estándares de certificación de hidrógeno verde. Este foro puso de relieve el papel de China como actor central en la cooperación energética sur-sur.

Chile ejemplifica esta tendencia con su objetivo de alcanzar 25 GW de capacidad renovable para 2030, aprovechando sus favorables condiciones solares. Proyectos destacados como Oasis de Atacama, liderado por la española Grenergy en asociación con empresas chinas como BYD, buscan construir infraestructura solar y de almacenamiento a gran escala como base para la producción de hidrógeno.

La inversión china en el sector energético chileno ya supera los 1 500 millones de dólares, incluyendo adquisiciones como Pacific Hydro (por SPIC) y CGE (por State Grid Corporation of China).

En Argentina, China vincula la extracción de litio con la futura producción de hidrógeno. La planta solar de cloruro de litio inaugurada por Ganfeng Lithium en Salta a principios de 2025 está diseñada para facilitar cadenas integradas de energía limpia e hidrógeno.

Brasil, con sus abundantes recursos naturales y base agroindustrial, está posicionado para convertirse en un gran productor de hidrógeno verde y podría abastecer el 10% del mercado mundial para 2050.

El proyecto de la zona de procesamiento de exportaciones de Pecém, aprobado en 2024, y las asociaciones anunciadas durante la visita del presidente Lula da Silva a China en 2025 —como la inversión de 1 000 millones de dólares de Envision Energy en combustibles sostenibles para aviación— evidencian la creciente cooperación sino-brasileña en innovación de hidrógeno y energías renovables.

La relevancia del hidrógeno verde también se extiende a la producción de fertilizantes, donde el hidrógeno es un insumo crítico. La transición hacia fertilizantes basados en hidrógeno verde puede reducir la huella de carbono del sector y vincula los esfuerzos de transición energética con la sostenibilidad agrícola.

La creciente colaboración entre China y América Latina ofrece oportunidades significativas para diversificar la matriz energética de la región e integrarse en los mercados globales de tecnologías limpias.

Gracias a sus iniciativas tempranas e inversiones considerables, Pekín está en vías de fortalecer su influencia en la configuración del panorama energético latinoamericano, lo que representa un desafío a la dominancia histórica de Estados Unidos y la Unión Europea en la gobernanza global de la energía limpia.