Perú profundizará sus lazos estratégicos de seguridad con Estados Unidos al tiempo que busca preservar su crucial relación comercial e inversiones con China, en un delicado equilibrio diplomático inaugurado tras la asunción de la presidenta Keiko Fujimori y la llegada de Carlos Espá a la Cancillería.
Espá, un abogado con 15 años de experiencia como director de comunicaciones de la Embajada de EE. UU. en Lima, confirmó que la nación andina se incorporará al “Escudo de las Américas”, una iniciativa promovida por la administración de Donald Trump para combatir el crimen organizado transnacional, el narcotráfico y el lavado de activos.
La urgencia de Torre Tagle por alinearse con Washington en materia de seguridad contrasta con el reciente golpe comercial recibido desde la Casa Blanca.
Pese al discurso de cooperación, EE. UU. impuso aranceles de entre 10% y 12,5% a las exportaciones peruanas bajo argumentos de fiscalización de trabajo forzado, una medida que pone en riesgo casi la mitad de los US$ 10.150 millones que Perú envía a mercado estadounidense.
Mientras el Canciller Carlos Espá promueve un proyecto de ley en el Congreso para intentar renegociar estas tarifas con la administración Trump, la presión arancelaria de EE. UU. amenaza con surtir el efecto contrario: aumentar la dependencia de los productores peruanos hacia el mercado chino y consolidar la relevancia logística del megapuerto de Chancay como vía de salida alternativa.
El peso comercial de Pekín
- «[EE. UU. es] un socio aliado y amigo estratégico con el cual compartimos valores fundamentales. Al mismo tiempo, avizoramos el dinamismo de nuestros lazos con la República Popular China, nuestro principal socio comercial», afirmó Espá en su presentación oficial.
Pese al marcado acercamiento político con Washington, la realidad económica mantiene a China como un actor indispensable para el mayor productor de cobre de la región después de Chile.
Días antes del cambio de mando, el gobierno saliente del presidente José María Balcázar firmó el Decreto Supremo que ratifica el “TLC 2.0” con Pekín, norma destinada a modernizar el despacho aduanero y el transporte multimodal articulados al megapuerto de Chancay.
Aunque en su discurso de investidura Fujimori omitió referencias directas tanto a Washington como a Pekín para centrarse en la seguridad interna y la reactivación económica, el canciller Espá moderó en su presentación oficial las posturas críticas que mantuvo en el pasado hacia la flota pesquera china en el mar peruano.
“La campaña electoral terminó; ahora mi condición es la de canciller”, afirmó Espá, calificando a la República Popular China como “nuestro principal socio comercial e importante fuente de inversiones” y destacando el foro APEC como plataforma de proyección regional.
Para analistas locales, el margen de maniobra de Torre Tagle será estrecho. Óscar Vidarte, profesor principal e investigador en Política Exterior Peruana de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), advirtió que la afinidad ideológica no debería poner en riesgo la relación con el mayor mercado de exportación peruano.
“Considerando los lazos que el nuevo canciller Carlos Espá tiene con los Estados Unidos y el excesivo interés que Keiko Fujimori ha mostrado por ser parte del ‘Escudo de las Américas’, el gobierno peruano debería desarrollar de forma urgente su relación con China”, señaló Vidarte. “No podemos poner en riesgo nuestro vínculo con un socio tan importante”.
Mientras el nuevo gobierno evalúa el impacto de la política proteccionista de Washington, países vecinos buscan aprovechar la infraestructura erigida con capitales chinos en la costa peruana.
El presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, confirmó intenciones de conectar la provincia de Pando con Chancay para convertir a su país en un puente logístico entre el sector agroindustrial brasileño y los mercados de Asia-Pacífico.



