Brasil se convirtió en uno de los 29 países fundadores de una nueva organización internacional de gobernanza de la inteligencia artificial impulsada por China, un movimiento que la diplomacia brasileña defiende como parte de una política exterior no alineada, pero que analistas describen como una señal de acercamiento de facto a Pekín sin una estrategia nacional que lo respalde.
Esta evaluación fue dada a conocer durante el webinar “Brasil, China y la Gobernanza de la Inteligencia Artificial”, organizado conjuntamente por el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC) y el Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI).
La Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial (UAICO, por su sigla en inglés) fue constituida el 16 de julio en Shanghái, un día antes de la apertura de la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial (WIC).
El acuerdo constitutivo fue firmado por la ministra brasileña de Gestión, Innovación y Servicios Públicos, Esther Dweck, y por el canciller chino Wang Yi. Al día siguiente, el presidente Xi Jinping encabezó la apertura de la WIC.
Desde entonces, la organización ha crecido de 29 a 38 Estados miembros, en su mayoría del sur global, según el embajador Eugênio Vargas Garcia, director de Ciencia, Tecnología, Innovación y Propiedad Intelectual de Itamaraty, quien participó en la ceremonia de firma.
El acuerdo aún no entra en vigor: requiere al menos tres ratificaciones, y en Brasil deberá pasar por el Congreso debido a los compromisos financieros que implica.
“No es un alineamiento”, dice Itamaraty
Vargas Garcia sostuvo que la participación de Brasil en la UAICO no representa una alineación con China, sino una plataforma multilateral basada en principios ya defendidos por el país en otros foros, como el Grupo de los 20 (G20) durante su presidencia en 2024 y el grupo BRICS en 2025.
Según el embajador, la organización busca promover una IA “centrada en el ser humano”, capacitación técnica para países en desarrollo y un papel central de la ONU en la gobernanza tecnológica internacional.
“El Brasil dialoga con todos y está abierto a hacer negocios con todos”, dijo Vargas Garcia, quien remarcó que la UAICO no busca sustituir ni superponerse a las Naciones Unidas.
Analista cuestiona la decisión
Dora Kaufman, investigadora sénior del Centro Brasileño de Relações Internacionais (CEBRI) y profesora de la Pontificia Universidad Católica de São Paulo, cuestionó la premura con la que Brasil se sumó al acuerdo.
Según Kaufman, un foro de discusión organizado recientemente por el CEBRI —que reunió a economistas, diplomáticos y fundadores de startups— concluyó que Brasil debía mantener cautela frente a cualquier alineamiento, dado que la IA se ha convertido en un terreno central de la disputa geopolítica entre China y Estados Unidos.
“Visto desde afuera, esto caracterizó una acción de alineamiento con China”, dijo Kaufman, al señalar que los 29 países fundadores tienen, en su mayoría, escasa influencia en el debate internacional.
La investigadora dijo desconocer qué beneficios concretos obtiene Brasil a cambio de su participación y afirmó que el país aún no ha definido una estrategia clara de negociación frente a Pekín ni frente a Washington.
Kaufman añadió que Brasil depende en gran medida de las grandes tecnológicas estadounidenses en su sector público, y que un eventual acercamiento a empresas chinas podría diversificar esa dependencia, pero solo como parte de una estrategia diseñada, no como una decisión aislada.
China gana terreno en modelos abiertos
Diogo Cortiz, profesor de la PUC-SP, quien asistió a la WIC en Shanghái, describió el avance de la industria china de IA en las semanas previas a la conferencia.
En el primer día de la WIC, la startup china Moonshot presentó su modelo Kimi K3, que —según Cortiz— alcanzó una capacidad similar a la de Fable, se lanzó bajo licencia abierta y resultó, según casos presentados por la propia empresa a la delegación brasileña en Pekín, hasta un 70% más económico de operar que los modelos de Anthropic.
Cortiz advirtió, sin embargo, que la apertura de los modelos chinos no garantiza que se mantengan así en el futuro. Citó el caso de Alibaba, que mantiene cerrados sus modelos más avanzados y libera versiones anteriores como código abierto, como ejemplo de que la apertura puede ser una estrategia de mercado más que un compromiso permanente.
Brechas de infraestructura y estrategia
Los tres panelistas coincidieron en que Brasil enfrenta obstáculos estructurales para definir una política propia frente a las dos principales potencias de IA.
Cortiz señaló que construir centros de datos operados por empresas estadounidenses en Brasil no garantiza, por sí solo, soberanía digital.
Cortiz también citó una desventaja lingüística: procesar texto en portugués cuesta, en promedio, entre un 30% y un 50% más que en inglés debido a la forma en que los modelos de lenguaje dividen las palabras en unidades de procesamiento (“tokens”).
Kaufman atribuyó estas dificultades a la falta de una “estrategia de Estado” en Brasil, en contraste con la continuidad de una década que, según dijo, ha caracterizado la política china de IA desde 2016.
Kaufman añadió que Brasil carece de una agencia central que coordine su política de IA, a diferencia de países como Canadá, el Reino Unido, India o la propia China, y planteó la posibilidad de diversificar alianzas con India, Canadá y países sudamericanos para reducir la dependencia exclusiva de Washington o Pekín.



