El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, criticó el martes lo que calificó como un giro hacia el proteccionismo por parte de las economías desarrolladas y rechazó la posibilidad de una “Segunda Guerra Fría” durante una declaración conjunta con el primer ministro de Portugal, Luís Montenegro.
En el marco de su visita oficial a Lisboa, el mandatario brasileño señaló que las naciones que impulsaron la globalización y el libre mercado en la década de 1980 han modificado su postura tras la aparición de competidores globales más eficientes, mencionando específicamente el caso de China.
“Cuando nosotros pasamos a gustar del libre comercio, quienes se vuelven proteccionistas son aquellos que, en los años 80, lo querían”, afirmó Lula ante la prensa. “¿Por qué ocurrió eso? Porque pasamos a ser competitivos y nuestros productos pasaron a llegar al mercado de ellos”.
Competencia y neutralidad
Lula defendió el ascenso económico de Pekín como un proceso histórico natural, señalando que, tras cinco milenios, China “merecía una oportunidad”. En ese contexto, el líder brasileño marcó una distancia clara respecto a las tensiones hegemónicas actuales, subrayando que Brasilia mantendrá una política de no alineación.
“No somos favorables a la Segunda Guerra Fría, no aceptamos la Guerra Fría”, sostuvo el mandatario. “No tenemos preferencia comercial entre China y Estados Unidos; queremos tener relación con China, queremos tenerla con los Estados Unidos, con Rusia, con Francia y con todo el mundo”.
Reforma del sistema global
El presidente de Brasil vinculó su visita a Portugal con una estrategia más amplia de fortalecimiento del multilateralismo. Según Lula, el objetivo de su política exterior es buscar “armonía y mucha paz” para facilitar las negociaciones comerciales y políticas globales.
Lula recordó que, durante su juventud en los años 80, los países en desarrollo temían ser perjudicados por la apertura de mercados. Sin embargo, argumentó que la situación se ha invertido, y que hoy el multilateralismo es la herramienta necesaria para que los Estados puedan construir parcerias productivas sin depender de posiciones de hegemonía única.
La declaración se produce en un momento en que Brasil busca consolidar a Portugal como la puerta de entrada para los intereses empresariales brasileños en la Unión Europea, aprovechando la entrada en vigor provisional del acuerdo con el Mercosur.



