Marco Rubio culminó esta semana su gira por Sudamérica —Colombia, Ecuador y Perú— dejando como resultado más visible el ingreso de Perú al Escudo de las Américas, la coalición antidrogas impulsada por Washington.
Pero, según el internacionalista peruano Farid Kahhat, profesor de Relaciones Internacionales en la Pontificia Universidad Católica del Perú, ese alineamiento en seguridad no se traducirá en un giro económico: China sigue siendo, por un amplio margen, el principal socio comercial y la mayor fuente de inversión del país, y el gobierno de Keiko Fujimori no estaría dispuesto a arriesgar esa relación.
MARÍA CERVANTES: Quisiera pedirle su análisis sobre la visita de Marco Rubio a Sudamérica ¿cuál ha sido la reacción local en Perú, y cómo se ha debatido esto con respecto a la relación del país con China?
FARID KAHHAT: Rubio visitó tres países: Colombia, Ecuador y Perú. De los tres, el único que tiene a China como principal socio comercial —y probablemente ya la principal fuente de inversión extranjera directa, aunque las cifras oficiales no lo indiquen— es Perú.
El tema es que aquí el discurso contra China no tiene acogida, primero porque la economía peruana ya depende demasiado de la economía china como para poder ignorar esa relación. China representa más de un tercio del comercio exterior del Perú. Eso en sí mismo es una fuente de vulnerabilidad, pero esa es otra historia.
El punto es que China es demasiado importante para la economía peruana como para que las demandas norteamericanas en torno a temas como el puerto de Chancay puedan fructificar, porque, a diferencia de Panamá, por ejemplo, el puerto de Chancay es propiedad de una empresa china: no solo tiene un convenio o una concesión para operarlo, sino que es propietaria del puerto.
Perú tendría que expropiar a la empresa china para que deje de ser una empresa de propiedad del gobierno chino, porque es una empresa pública.
Pero además hay la sensación de que Estados Unidos no tiene autoridad moral para exigir cortar vínculos económicos con China, porque, por ejemplo, un artículo reciente del New York Times revela que, cuando Perú buscaba inversionistas para el puerto de Chancay, no encontró inversionistas occidentales dispuestos a realizar la inversión.
Entonces no pueden quejarse de que fuera una empresa china la que terminara siendo accionista minoritario. Hubo accionistas minoritarios peruanos, pero no hubo empresas europeas o americanas dispuestas a invertir.
Y cuando Estados Unidos se queja del control que tienen dos empresas chinas sobre la distribución de electricidad en Lima —la capital, que representa cerca de un tercio del PBI—, lo que rara vez se menciona es que una de esas empresas chinas adquirió la condición de proveedor de energía eléctrica en Lima porque le compró la propiedad a una empresa norteamericana.
MARÍA CERVANTES: Pero, ¿al final qué ha logrado Marco Rubio con su visita? Ha logrado que Perú exprese un alineamiento en materia de política exterior, pero en otras áreas.
Por ejemplo, Perú ha ingresado al Escudo de las Américas. Yo personalmente me he pronunciado en contra de eso, porque diría lo siguiente:
Perú sí necesita respaldo estadounidense —cooperación, inteligencia, capacitación y equipamiento— para combatir el crimen transnacional organizado. Pero eso ya se venía haciendo. La DEA, la agencia antinarcóticos del gobierno americano, tiene presencia en Perú desde hace décadas.
No había necesidad de entrar al Escudo de las Américas para conseguir eso. El problema de entrar al Escudo es doble. En primer lugar, porque habría que haber estado en la cumbre inaugural y haber visto los documentos de seguridad de Estados Unidos para saber que, desde la perspectiva estadounidense, este es un proyecto que intenta neutralizar la presencia china en la región.
Y, en segundo lugar, pone un énfasis excluyente en el uso de las fuerzas armadas en el combate al crimen organizado. En el caso de Ecuador, ya se han dado hundimientos de lanchas sin evidencia clara de que estuvieran vinculadas al narcotráfico, que han producido la muerte de ciudadanos ecuatorianos.
Y los soldados norteamericanos —algo que Estados Unidos habitualmente pide como condición para la cooperación militar— no quedan sometidos a las cortes nacionales. Entonces, si cometen crímenes, no serán juzgados por ellos, al menos no en el país donde habrían ocurrido. Ese es el tipo de problemas que veo con esto. Pero eso es lo que consiguió: Perú ingresó formalmente al Escudo de las Américas.
El caso de Irán es una muestra clara de que Perú toma decisiones de política exterior pensando en complacer las demandas de Estados Unidos.
No había ninguna razón para romper relaciones con Irán ahora, sobre todo si se consideran los argumentos que dio el gobierno peruano.
MARÍA CERVANTES: En algún momento van a tener que tomar decisiones respecto a China. Supongo que Estados Unidos va a presionar por ese lado, sobre todo en el puerto de Chancay: de hecho, desde que Keiko Fujimori ganó las elecciones —incluso antes de ser proclamada presidenta, ya desde que salieron los resultados electorales— han empezado a salir resoluciones judiciales que desfavorecen a COSCO Shipping. Entonces, ¿qué tan lejos pueden llegar, o qué tan lejos tienen la intención de llegar? ¿Keiko Fujimori tiene también la intención de afectar la relación con China?
FARID KAHHAT: Esto lo digo como alguien que ha sido siempre opositor al fujimorismo, pero en honor a la verdad, el fujimorismo, a diferencia de otras derechas radicales de la región, nunca fue una fuerza política guiada por una ideología fuerte.
El fujimorismo tuvo aliados de izquierda durante el primer gobierno de Alberto Fujimori.
Creo que Keiko Fujimori entiende que China es demasiado importante para la economía peruana como para poner en riesgo la relación bilateral.
Entonces, va a tratar de hacer concesiones a Estados Unidos sin que eso implique romper con China, porque además no solo perderíamos comercio e inversión, sino que China toma represalias contra los países que hacen demasiadas concesiones a Estados Unidos.
Por ejemplo, Panamá: en el caso de los dos puertos en ambos extremos del canal, a los que se les retiró la concesión, China nunca dijo que sus acciones fueran una represalia, pero cabe poca duda de que lo fueron, dada la secuencia.
En Panamá se decide cortar el contrato con empresas chinas para administrar los puertos, y en cuestión de semanas China empieza a someter a inspecciones mucho más rigurosas de lo habitual a los barcos de bandera panameña en sus puertos, y pone en duda la renovación de un acuerdo de tránsito marítimo con Panamá.
Entonces, lo último que Perú querría es perder parte de la relación con su primer socio comercial y fuente creciente de inversión extranjera directa, y además verse sometido a sanciones de China, que también pueden ser dañinas —de hecho, pueden ser hasta más dañinas, precisamente porque hay una relación económica mucho más cercana.
El único que sí tuvo expresiones muy críticas hacia la República Popular China fue el canciller actual, pero cuando era candidato a la presidencia. No ha repetido nada remotamente comparable desde que asumió el cargo.
MARÍA CERVANTES: ¿Cree que Fujimori entiende la relación con China y que no va a tocar mucho las relaciones por ese lado?
FARID KAHHAT: Mi presunción es que va a resistirse a presiones en esa dirección.
Creo que por eso conceden tan fácilmente en el tema de Irán: ahí no se pierde nada. Se le da la razón a Estados Unidos y no se pierde nada a cambio, pero con China hay demasiado que perder.
MARÍA CERVANTES: ¿Cómo ve el caso de Noboa, que es aliado de Trump —el presidente de Ecuador, casi amigo suyo, que ha viajado a Miami— y que hace poco viajó también a China a pedir inversiones? ¿Cómo analiza la situación de Ecuador y Colombia con la visita de Rubio?
FARID KAHHAT: Pensémoslo en contexto. Esta gestión de Trump cerró la principal agencia de ayuda internacional para el desarrollo del gobierno americano, USAID.
Segundo, ha aplicado sanciones a los tres países que visitó Rubio y, virtualmente, a todos los países del mundo. Primero, el “Día de la Liberación”, en abril del año pasado, y luego, cuando la Corte Suprema dijo que esos aranceles punitivos eran ilegales, simplemente invocó otra norma para mantenerlos.
Aranceles como sanción por prácticas que Estados Unidos considera de competencia desleal, o, en la última norma invocada, porque no hacíamos lo suficiente para impedir el ingreso de bienes producidos con trabajo forzoso, sin que se presentara ninguna evidencia, que es el caso de Perú, por lo menos.
Entonces, por un lado, Estados Unidos, que en teoría es tu aliado, actúa en contra de tus intereses, y China no condiciona su comercio ni su inversión a que te alinees o no con ellos políticamente.
Estos países no pueden darse el lujo —sobre todo Perú, que es el que más depende de su relación con China— de antagonizar a China. Ahora, yo también diría que nos estamos metiendo en un problema, porque tampoco deberíamos depender tanto de China.
México es un ejemplo de lo que puede implicar depender demasiado, en materia de comercio exterior, de Estados Unidos, pero eso también aplica con China.
En Perú nadie piensa en términos de estrategia de largo plazo, y decimos: bienvenida la inversión, sea cual sea su origen. Yo diría que, en principio, bienvenida la inversión sea cual sea su origen, pero buscaría diversificar el comercio y, en general, las relaciones económicas exteriores del Perú.
MARÍA CERVANTES: Como estábamos mencionando, está el caso de Ecuador, cuyo presidente hace poco fue a China a diversificar sus exportaciones. Y en Colombia, el mismo presidente de derecha, dijo hace poco que le encantaba el metro de Bogotá, que lo está construyendo una empresa china, y que no sería conveniente meter ideología a proyectos de este tipo.
Yo diría que los países de Sudamérica están empezando a hacer algo que ya se hacía desde hace tiempo en el este asiático.
Los países del este asiático tienen una relación económica estrecha con China, pero acuerdos de seguridad con Estados Unidos. En su caso, ellos sí temen a China, porque algunos, como Filipinas, tienen conflictos territoriales con ese país. Por eso temen una posible acción militar china en su contra.
Perú, en cambio —y en general América Latina— no tiene ese temor. Pero sí es común el hecho de que no se puede prescindir de la relación con la que, por paridad de poder de compra, ya es la mayor economía del mundo y sigue creciendo como proporción de la economía mundial. Pero tampoco se quiere antagonizar a Estados Unidos, sobre todo en el plano de la seguridad.
El mismo patrón se repite con Milei en Argentina, quien pasó de decir que no haría “negocios con comunistas” —en referencia a China— a descubrir que China no pone condiciones políticas a sus relaciones económicas, aunque sí exige silencio sobre temas como Taiwán, Hong Kong o Xinjiang.
Estamos atrapados como durante la Guerra Fría, y por eso algunos vuelven a hablar de no alineamiento. Estamos atrapados entre dos grandes potencias.
Y peor que con la Unión Soviética, porque con la Unión Soviética la mayoría de América Latina no tenía mayor vínculo económico. Con China sí, sobre todo Sudamérica. No queremos quedar atrapados en el conflicto entre China y Estados Unidos. Y creo que eso es común a todos los gobiernos, independientemente de su orientación ideológica.
MARÍA CERVANTES: ¿Cree que va a funcionar esta estrategia que usted describe —relación económica con China, acuerdos de seguridad con Estados Unidos y concesiones en temas que no nos interesan mucho, como Irán?
FARID KAHHAT: Va a depender del caso. Aquí hay que tener en cuenta que probablemente el cálculo de algunos gobernantes sea que, tras las elecciones de medio término de noviembre, Trump muy probablemente pierda la Cámara de Representantes, e incluso podría perder el Senado, lo que limitaría su capacidad de aplicar este tipo de sanciones.
Yo no estaría tan seguro de eso: hay dudas sobre si un Trump debilitado en casa se repliega hacia sus asuntos internos o se vuelve más agresivo hacia la región para mantener el control.
MARÍA CERVANTES: ¿”Asuntos internos” se refiere a Estados Unidos o al hemisferio occidental?
FARID KAHHAT: Esa es la gran duda. Podría referirse a Estados Unidos, pero, cuando uno ve los documentos de seguridad, el propio Trump, al presentar uno de ellos, dice que el dominio estadounidense en el hemisferio occidental jamás volverá a ser cuestionado.
Eso es claro. Y Pete Hegseth, el secretario de Guerra, habla de América Latina como el “patio trasero” (backyard). Ha vuelto a usar esa metáfora de tan ingrata recordación.
No sé si él es consciente de que resulta de ingrata recordación en la región, pero cuando menos es desconsiderado. Ahí está la gran pregunta: ¿qué implica volcarse hacia asuntos más cercanos? ¿Solo Estados Unidos o también la región? No parece haber una buena respuesta para eso.
MARÍA CERVANTES: ¿Qué recomendaciones les daría a estos gobiernos de Sudamérica que se encuentran entre las dos potencias?
FARID KAHHAT: Yo diría que piensen en sus propios intereses, y no en los intereses de sus socios.
En ese sentido, a Perú le conviene tener las mejores relaciones posibles tanto con Estados Unidos como con China, y tratar de resistir las presiones norteamericanas en la medida en que no sean razonables, como ocurre en torno al puerto de Chancay.
Se dice, por ejemplo, que el puerto de Chancay, al ser un puerto de aguas profundas, podría usarse con fines logísticos en caso de guerra. Y uno se pregunta: ¿qué guerra podría enfrentar Estados Unidos con China? Una guerra en torno a Taiwán.
¿Qué rol podría cumplir el puerto de Chancay en una guerra por Taiwán, si de Chancay a Taiwán hay de tres a cuatro semanas de trayecto? No parece verosímil. Pero en Estados Unidos se manejan hipótesis de conflicto en las que Chancay podría usarse con fines militares. Creo que es inverosímil, y el Estado peruano no debería ceder ante ese tipo de presiones.
Y eso implica, para ser totalmente claro, que deberíamos estar dispuestos a asumir algunas consecuencias por hacer valer nuestros intereses.



