Los países de América Latina están adoptando una estrategia global denominada “polialineamiento” para enfrentar la creciente disputa geopolítica entre Estados Unidos y China, según un artículo académico.
La investigación, titulada “El surgimiento y la política del polialineamiento” y elaborada por los académicos Jessica DiCarlo, Shahar Hameiri, Lee Jones y Seth Schindler, analiza el rol de la región dentro de este fenómeno global, caracterizado por el rechazo de las naciones de ingresos medios a elegir un bando único en la llamada “Segunda Guerra Fría”.
De acuerdo con el texto, el panorama actual difiere de la histórica “No Alineación” del siglo XX, la cual buscaba mantener a las superpotencias a distancia para proteger la soberanía.
Por el contrario, el polialineamiento del siglo XXI en América Latina impulsa a los países a buscar activamente la máxima cercanía simultánea con ambos rivales, profundizando y diversificando sus lazos con todos los actores en lugar de optar por el aislamiento.
Interconectividad e infraestructura
El artículo señala que los efectos de la globalización impiden que América Latina opere en bloques económicos cerrados.
Como resultado de esta interconexión, un país de la región puede mantener lazos financieros con Wall Street en Estados Unidos y, de manera simultánea, contratar a empresas estatales de China para el desarrollo de proyectos de infraestructura como líneas de ferrocarril y puertos.
Asimismo, los países combinan hardware de telecomunicaciones de firmas chinas, como Huawei, con sistemas operativos estadounidenses de Silicon Valley, o recurren a tecnología de China o Rusia para la seguridad interna mientras mantienen acuerdos de seguridad tradicionales con Washington.
Fragmentación estatal y pugnas internas
El análisis destaca que las estructuras estatales en América Latina han dejado de actuar como bloques homogéneos bajo un control centralizado debido a transformaciones que dieron paso a un “Estado competitivo” o regulador desde la década de 1990.
Esta configuración fragmentada genera tensiones internas en la política exterior de cada país:
- El sector privado y las élites comerciales presionan de forma constante para profundizar los lazos comerciales y de exportación de materias primas con China.
- Funcionarios de ministerios clave, como Defensa o Relaciones Exteriores, muestran una inclinación hacia los intereses de Estados Unidos.
Esta dinámica fragmentada deriva en alineamientos complejos y contradictorios dentro de una misma nación, donde los poderes ejecutivos intentan sostener una postura pública de neutralidad mientras las diversas agencias y sectores económicos se alinean con ambos rivales de forma simultánea.
La publicación de los autores introduce un número especial que recopila estudios de caso específicos de América Latina orientados a demostrar cómo los gobiernos de la región negocian y gestionan estas redes de interdependencia económica para evitar que sean utilizadas en su contra por Pekín o Washington.



