El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, afirmó el miércoles que las potencias occidentales no pueden quejarse de la expansión económica de China en América Latina y África, argumentando que Pekín simplemente ocupó un vacío de inversión dejado por Estados Unidos y la Unión Europea.
“China ocupó un espacio que estaba vacío por la ausencia de los europeos y por la ausencia de los americanos. No nos podemos quejar de que China esté ocupando el espacio, el espacio estaba vacío”, declaró el mandatario en una conferencia de prensa tras el cierre de la cumbre del G7 en Francia.
El gobernante sudamericano defendió la relación de su país con el gigante asiático y rechazó tajantemente que las naciones en desarrollo deban tomar partido en la disputa geopolítica entre Washington y Pekín.
“Nosotros no queremos una guerra fría entre Estados Unidos y China”, señaló, tras enfatizar que “para nosotros, China es importante. Yo no tengo ninguna queja de China”.
Lula justificó la cercanía comercial con Pekín bajo un criterio estrictamente pragmático y de beneficio financiero, detallando que la balanza comercial bilateral alcanzó los US$ 165.000 millones con un amplio superávit favorable a su país, en contraste con los US$ 80.000 millones transaccionados con Estados Unidos.
“Entonces, obviamente, China pasa a ser un socio privilegiado para Brasil”, argumentó.
El líder brasileño explicó que, tras el fin de la era soviética, la Unión Europea concentró sus capitales en el este de su continente y decidió “olvidarse un poco de hacer inversiones en América Latina y olvidarse un poco de hacer inversiones en África”, un repliegue que también atribuyó a Washington y que permitió el ingreso de firmas asiáticas a licitaciones públicas clave donde Occidente optó por no competir.
“La Unión Europea se queja mucho de China, diciendo que China está ocupando el mercado europeo con sus productos y que China vende más barato y que es muy difícil competir y que es una competencia desigual. De nuestro lado, es muy gracioso porque nosotros no queremos entrar en la pelea de los dos”, ironizó el mandatario respecto a los reclamos occidentales.
Como ejemplo de esta dinámica de competencia, Lula citó la reciente llegada de la automotriz china BYD al estado de Bahía. Sostuvo que este movimiento forzó la reacción de los competidores occidentales tradicionales establecidos en el país, detonando anuncios de inversión local por 190.000 millones de reales hasta 2030. “Esto es una demostración de que la competencia, la participación de China, ha movilizado a la gente a participar”, afirmó.
El presidente brasileño también desestimó las críticas globales sobre el control de suministros críticos para la transición energética, manifestando que “nadie tiene la culpa de que China se haya preparado mejor que los demás en el tema de los minerales críticos y de las tierras raras”, lo cual definió como una ventaja estratégica legítima.
Frente a la presión internacional de alineamiento, el jefe de Estado concluyó fijando la postura de autonomía de su gobierno frente a las potencias del G7: “Nosotros defendemos que Estados Unidos sea Estados Unidos, que China sea China y que nosotros seamos nosotros. Cuanta más negociación hagamos, mejor para todo el mundo”.





