La Cumbre de APEC 2025, celebrada a principios de noviembre en Gyeongju, Corea del Sur, concluyó con una imagen esperanzadora: un renovado espíritu de diálogo entre Estados Unidos y China tras una reunión bilateral entre el presidente Trump y el presidente Xi.
Aunque el resultado de esa reunión sigue siendo incierto, el hecho de que APEC (siglas en inglés de Asia Pacific Economic Cooperation Forum, Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico) proporcionara el escenario para tal interacción sugiere que aún puede servir como una rara plataforma de diálogo en un panorama global cada vez más dividido.
Para América Latina, los eventos en APEC son un recordatorio de que todavía es posible comprometerse económicamente con Washington y Pekín, en lugar de verse obligada a una alineación binaria.
La mala noticia es que existe una moratoria en la admisión de nuevos miembros desde 1998. Esa moratoria, que debía finalizar en 2010 pero se prorrogó, congela efectivamente la participación de América Latina en la organización, cortando otra vía valiosa por la que la región podría interactuar con las superpotencias mundiales.
La Alianza del Pacífico
La presencia de América Latina en APEC ha permanecido limitada, con solo tres economías participando como miembros: Chile, México y Perú. Esas tres economías, junto con Colombia —otra aspirante a APEC—, establecieron la Alianza del Pacífico en 2012. La Alianza busca promover la liberalización comercial y mercados integrados con una orientación hacia la región Asia-Pacífico.
Sin embargo, la cohesión de la Alianza se ve complicada por vientos en contra significativos. Chile se prepara para elecciones presidenciales el próximo año, y México, cuya economía está estrechamente entrelazada con la de Estados Unidos, continúa navegando las complejidades de la administración Trump.
Colombia enfrenta fricciones diplomáticas con Washington bajo el presidente Petro, mientras que Perú permanece sumido en inestabilidad política. Colectivamente, estas dinámicas afectan la capacidad de la Alianza para proyectar coherencia en su interacción con las economías de Asia-Pacífico.
Lo que depara el futuro
China acogerá la Cumbre de APEC 2026. Al tratar con economías en lugar de Estados, APEC puede abordar aranceles y restricciones comerciales desde un punto de vista puramente transaccional. Esto posiciona a APEC como singularmente capaz de eludir parte de la parálisis política que aqueja a otros organismos multilaterales.
Para los miembros de APEC de América Latina, esto representa una oportunidad valiosa: profundizar el compromiso con Estados Unidos y China donde más importa —la cooperación económica y comercial— y, al mismo tiempo, interactuar con otros actores clave de Asia-Pacífico y diversificar sus relaciones.
El éxito en este esfuerzo ayudaría a prevenir nuevos patrones de dependencia y avanzaría el objetivo de larga data de la región de autonomía estratégica. Lograr ese equilibrio requerirá agilidad diplomática, previsión estratégica y una efectiva diplomacia económica estatal. La Alianza del Pacífico (y la comunidad más amplia de economías latinoamericanas) debe ahora demostrar si está preparada para afrontar ese desafío.
Alonso Illueca es investigador no residente para América Latina y el Caribe de CLA.



