Suscríbase a nuestro boletín semanal gratuito sobre China y América Latina.

  • This field is for validation purposes and should be left unchanged.

Sigue a CLA en redes sociales

Brasil administra con habilidad su equilibrio entre EEUU y China, pero eso no basta para ser potencia global, según un think tank chino

Brasil administra con habilidad su equilibrio entre EEUU y China, pero eso no basta para ser potencia global, según un think tank chino
El presidente chino, Xi Jinping (derecha), estrecha la mano del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, tras una ceremonia de firma y una rueda de prensa conjunta en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el 13 de mayo de 2025. (Foto de TINGSHU WANG / POOL / AFP)

Un análisis del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales (CASS, por sus siglas en inglés) —el principal centro de pensamiento estatal de China— ofrece una radiografía poco habitual: cómo ve Pekín la posición de Brasil entre las dos grandes potencias.

El autor, el investigador Wang Huan, del Instituto de Estudios Estadounidenses de la misma academia, sostiene que Brasil enfrenta un “dilema estratégico internacional” bajo la sombra de la hegemonía de Estados Unidos, y evalúa con relativa aprobación la manera en que Brasilia lo ha manejado.

Un país “atrapado” entre dos posicionamientos

El documento parte de una idea provocadora: pese a contar con todas las condiciones materiales —territorio, población, recursos naturales— para convertirse en una potencia global, Brasil nunca ha logrado consolidar ese estatus, arrastrando la vieja etiqueta de “país del futuro” acuñada por el escritor Stefan Zweig hace más de ochenta años.

Según el análisis, ese estancamiento no responde solo a factores internos, sino en buena medida a la presión estructural que ejerce Washington sobre la región.

El texto se refiere de forma explícita al concepto de “Doctrina Trump” o “Doctrina Donroe”, que ubica en la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2025 como una actualización de la histórica Doctrina Monroe, orientada a mantener el control estadounidense sobre el hemisferio occidental.

La estrategia brasileña: separar el discurso de la práctica

El aporte central del documento es su lectura de cómo Brasil ha resuelto —o al menos administrado— la presión de Washington para “elegir bando” frente a China.

El autor describe esa fórmula como “alineamiento selectivo”: Brasil se acerca a Estados Unidos en el plano militar y de seguridad, manteniendo una cooperación institucionalizada desde 2010, mientras profundiza su vínculo económico con China sin que ello implique una ruptura política con Washington.

Como ejemplo de esa disociación entre retórica y práctica, el documento señala que incluso el gobierno de Jair Bolsonaro —descrito como el más alineado ideológicamente con Estados Unidos— mantuvo una cooperación pragmática con Pekín: abrió el mercado brasileño a empresas como Huawei en el sector 5G, uno de los terrenos que Washington considera más sensibles en su competencia tecnológica con China.

El peso de las cifras comerciales

El texto respalda su argumento con series comerciales concretas. El comercio bilateral de bienes entre China y Brasil pasó de 9,100 millones de dólares en 2004 a 158,000 millones de dólares en 2024, mientras que la participación de China en el comercio global brasileño subió de 5.8% a 26.3% en el mismo período. China se convirtió además en la principal fuente del superávit comercial de Brasil, que en 2024 alcanzó los 30,700 millones de dólares, en contraste con el déficit crónico que Brasil mantiene con Estados Unidos.

El documento agrega un dato llamativo: Brasil habría aprovechado las fricciones comerciales entre Washington y Pekín para ganarle a Estados Unidos participación en el mercado chino de soja y otros productos agrícolas.

Coordinación política más allá del comercio

Más allá de lo económico, el análisis describe episodios de coordinación política entre ambos países en foros multilaterales.

Cita, por ejemplo, que en mayo de 2024 China y Brasil alcanzaron entendimientos comunes sobre una salida negociada a la guerra en Ucrania, y que en septiembre de ese año impulsaron junto con otros países el llamado “Grupo de Amigos para la Paz” dentro de la ONU, una postura distante de la línea occidental de sanciones a Rusia.

También menciona el caso del niobio, un mineral crítico en el que Brasil tiene una posición casi monopólica a través de la empresa CBMM: el país ha permitido que compañías chinas adquieran participaciones accionarias, en lo que el autor interpreta como parte de una estrategia deliberada de equilibrio entre las dos potencias, en lugar de una alineación excluyente con alguna de ellas.

El veredicto chino: éxito económico, pérdida política

La conclusión del propio documento es matizada. El autor considera que la estrategia brasileña ha rendido frutos en el terreno económico: Brasil logra ser miembro pleno de los BRICS y, al mismo tiempo, avanzar como candidato a integrar la OCDE, capturando beneficios de ambos bloques sin sufrir sanciones significativas por su relación con China.

Sin embargo, en el plano político, el análisis es más crítico: sostiene que esta estrategia de “distinguir entre palabras y acciones” le ha reportado a Brasil más pérdidas que ganancias, porque el país carece —según la lectura del autor— del poder militar y de la voluntad de asumir costos que, de acuerdo con una visión realista de las relaciones internacionales, resultan indispensables para consolidarse como una verdadera potencia global.

En otras palabras: Brasil administra con habilidad su posición entre Washington y Pekín, pero eso no resuelve, a ojos de este centro de pensamiento chino, su ambición de convertirse en una potencia de primer orden.