Los gobiernos de América Latina no están pensando su relación con las grandes potencias más allá de su propio mandato, dijo Natalia Cote-Muñoz, socia gerente y directora ejecutiva de Vantage Point Strategies, quien se desempeñó en la Oficina de Planificación de Políticas del Departamento de Estado de EE.UU. durante la administración Biden.
“No creo que nadie esté pensando más allá de su propio mandato”, afirmó Cote-Muñoz en una entrevista.
Esa falta de horizonte temporal, dijo, explica por qué varios países han terminado inmersos en lo que ella describe como una red de interdependencia cuyos riesgos no han sido evaluados adecuadamente.
El problema no es que los gobiernos de la región sean ingenuos frente a China en particular, sino que ningún incentivo político local los empuja a considerar consecuencias de largo plazo.
Sobre los gobiernos latinoamericanos, dijo que la prioridad debería ser invertir en formar expertos en asuntos chinos dentro de sus propias administraciones, y buscar mecanismos que faciliten la transferencia tecnológica real y el desarrollo de capacidades técnicas locales en los acuerdos que firmen con Pekín.
El giro hacia proyectos menos visibles
Cote-Muñoz explicó que la estrategia china en la región ha cambiado sustancialmente desde la década de 2010, cuando Pekín impulsó grandes proyectos de infraestructura —puertos, represas hidroeléctricas— para dar salida al exceso de capacidad de sus empresas estatales.
Esos proyectos, dijo, atrajeron fuerte escrutinio negativo: grupos ambientales, indígenas y laborales se movilizaron en su contra, y varios acuerdos quedaron en riesgo cada vez que un cambio de gobierno alteraba las condiciones pactadas con la administración anterior.
Con el crecimiento económico chino ya no a tasas de dos dígitos, las empresas chinas han optado por proyectos más pequeños y menos visibles: cámaras de vigilancia, equipos policiales, autobuses eléctricos, redes de energía y proyectos de minerales críticos como el litio. Cote-Muñoz señaló que la tecnología de vigilancia responde a una demanda real de la región, que enfrenta altos niveles de criminalidad.
La estrategia subnacional
Uno de los elementos que la analista describió como más eficaces es lo que llamó la “estrategia subnacional” china: el involucramiento directo con autoridades estatales y municipales, al margen de los gobiernos nacionales.
Cote-Muñoz dijo que esa vinculación temprana con alcaldes y gobernadores constituye una apuesta a largo plazo, ya que esos funcionarios locales eventualmente pueden alcanzar cargos nacionales. Durante la administración Biden, ella misma ocupó el cargo de subrepresentante especial interina para la Diplomacia de Ciudades y Estados —un programa que, según dijo, fue discontinuado por la administración siguiente.
Ambas potencias son “problemáticas”
Consultada sobre si es legítimo que Washington denuncie los riesgos de la tecnología china cuando el propio gobierno estadounidense ha sido señalado por prácticas similares —incluidas puertas traseras en tecnología exportada a la región—, Cote-Muñoz evitó inclinar la balanza hacia alguno de los dos países.
“Ambos son problemáticos en su forma de involucrarse en la región en este momento”, dijo. Añadió que Estados Unidos actúa hoy de manera “intrusiva e intervencionista” en América Latina, mientras que China también recurre a formas de coerción.
La analista dijo que la desconfianza hacia la tecnología china que promueve Washington pierde credibilidad frente a antecedentes documentados sobre vulnerabilidades similares en tecnología estadounidense.
La lógica económica detrás de países como Chile y Ecuador
Cote-Muñoz explicó que la decisión de gobiernos como el de Chile, bajo José Antonio Kast, de mantener relaciones comerciales con Pekín pese a alinearse políticamente con Washington responde a una lógica económica concreta: China es relativamente pobre en recursos naturales y rica en capital, mientras que los países sudamericanos son, en general, ricos en recursos y pobres en capital.
Esa complementariedad, dijo, no la ofrece Estados Unidos, que compite —en lugar de complementar— con varias economías sudamericanas en la producción de materias primas. Citó como ejemplo similar el viaje del presidente ecuatoriano Daniel Noboa a Pekín en agosto para negociar acuerdos de camarón y cobre.
Cote-Muñoz calificó de “bastante inteligente” el enfoque chino hacia la región.
Sobre Estados Unidos, dijo que la influencia china en la región es “mucho más una inversión de largo plazo” que otros temas priorizados por la actual administración, y que no puede eliminarse por la fuerza ni negando alternativas a los países de la región.
“O bien ofrecemos alternativas, o buscamos otras formas de ser un mejor socio en estas regiones”, dijo, y mencionó capacitación técnica y apoyo para diversificar proveedores como posibles vías. Calificó de ineficaz cualquier enfoque que intente combatir la influencia china país por país, sin abordar el problema de fondo.
“¿Necesitamos seguir sometiendo a nuestros socios en la región a este nivel de presión? Me parece innecesario y contraproducente”, agregó.




