La empresa china de movilidad Didi Chuxing ha logrado una adaptación “radical” y “granular” a los mercados latinoamericanos que Uber nunca consiguió en China, según un estudio presentado por el investigador peruano Omar Manky en un evento organizado por la Universidad del Pacífico.
“Didi no solamente es una empresa privada china, sino que uno de sus accionistas más importantes es SoftBank y también Uber tiene acciones en Didi”, explicó Manky, profesor del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas.
El académico destacó que, a diferencia de las inversiones chinas tradicionales en minería y construcción, Didi representa un modelo tecnológico que combina colaboración local con innovación financiera y seguridad basada en inteligencia artificial.
El investigador subrayó que Didi adapta sus servicios país por país: permite negociar el precio en Argentina, ofrece viajes en moto en México y entrega paquetes, mientras en Japón solo conecta taxis formales.
En mercados con alta informalidad y baja inclusión financiera como México y Brasil, la empresa lanzó cuentas de ahorro con rendimientos del 15% y tarjetas de crédito respaldadas por Mastercard, servicios que “no existen en China” y que Uber tampoco ofrece en la región.
Manky resaltó que, a diferencia de Uber, que “acaba peleándose con las asociaciones de taxistas”, Didi estableció alianzas estratégicas con gremios de taxis en Chile, Argentina y Colombia. “No es ir y confrontar, sino adaptarse para negociar”, afirmó.
Sin embargo, advirtió sobre riesgos en materia de datos. Didi opera en América Latina el programa LERT, que permite a funcionarios estatales acceder a información biométrica y grabaciones de voz de los usuarios.
“En una región como la nuestra muchos estamos dispuestos a renunciar a nuestros datos a cambio de sentir que no nos van a robar”, dijo Manky, recordando que Didi no pudo entrar en Europa por regulaciones de protección de datos y que China le impidió cotizar en Nueva York para proteger la privacidad de datos nacionales.
El académico señaló que la discusión regional sobre la presencia china se ha centrado históricamente en impuestos y recursos minerales, y no en la cantidad de información personal que manejan estas empresas, por lo que consideró urgente abrir un debate sobre soberanía digital.


