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El “Guanxi”: Una mirada antropológica al empresario chino en Perú

El presidente de Perú, José Jerí (centro), y el presidente de la comisión de fiscalización, el congresista Elvis Vergara (derecha), asisten a una comisión del Congreso sobre presuntas irregularidades en reuniones con empresarios chinos, en el Congreso de la República en Lima, el 21 de enero de 2026. ERNESTO BENAVIDES / AFP Foto por ERNESTO BENAVIDES / AFP

El reciente escándalo bautizado como el “Chifagate” y las revelaciones sobre el denominado “Club del Dragón” han vuelto a poner bajo la lupa la relación entre el poder político peruano y las inversiones asiáticas.

Sin embargo, más allá de la anécdota de una cena en un chifa o las visitas a Palacio, subyace una estructura cultural y comercial que el Perú parece no terminar de comprender.

Para analizar qué hay detrás de este pragmatismo y cómo operan realmente estos grupos en Estados con instituciones frágiles, conversamos con la Dra. Patricia Castro Obando, doctora en Antropología China.

Castro Obando nos propone un viaje desde las primeras olas migratorias hasta la figura actual del “agente comercial”, esa pieza clave que camina con sigilo entre los pasillos del poder.

En esta entrevista, desentrañamos por qué el empresario chino no tiene ideología, qué significa realmente el concepto de Guanxi y cómo la “porosidad” de nuestro sistema es el escenario perfecto para un aterrizaje que, aunque parezca blando, puede terminar triturando nuestras propias leyes.

MARÍA CERVANTES: ¿Cómo ha evolucionado el perfil del empresario chino en el Perú desde las primeras migraciones hasta la formación de una élite económica?

PATRICIA CASTRO: Antes de entrar en la historia es vital hacer una precisión: mi análisis no es una defensa ni una disculpa hacia los involucrados en el “Chifagate”.

Lo que vemos ahí es corrupción de principio a fin. Sin embargo, mi interés como antropóloga es ir más allá del escándalo mediático, que es solo una hoja que pasará.

Lo que nos corresponde es entender antropológicamente cómo operan estas redes, porque si no comprendemos el sistema que permite estos comportamientos, seguiremos sorprendiéndonos cada vez que el sistema sea vulnerado.

El perfil del empresario chino que viaja hacia otras partes del mundo, y en este caso al Perú, es sumamente antiguo; tiene que ver con las primeras olas de la inmigración china al mundo y al Perú. En el libro El otro lado azul, de la doctora Vilma Derpich, se analiza la segunda ola de inmigrantes chinos (1890-1930), la cual fue distinta a la primera de 1849. 

Mientras que en la primera llegaron trabajadores pobres o “culíes” para reemplazar la mano de obra esclava en las haciendas de algodón y azúcar en una situación de semiesclavitud, en la segunda llegaron empresarios y financistas chinos para invertir en el Perú, hacer negocios y conectar el comercio local con otras partes del mundo.

Un personaje paradigmático de este periodo es Aurelio Pow Sang, un empresario que llegó al Perú siendo ya rico. Pow Sang estableció redes comerciales y logró unir a la comunidad china en momentos de fuerte racismo, dándole otra cara a la inmigración. 

Sin embargo, su éxito no solo fue comercial; construyó un aparato político y conexiones con el gobierno que le permitieron integrar sus negocios con el poder, obteniendo una legitimidad tal que en 1921 fue el primer chino condecorado con la Orden del Sol. 

Era un empresario transnacional que unía sus negocios en Perú con Hong Kong y Europa, participando incluso en la élite social de la época.

MARÍA CERVANTES: Usted ha escrito sobre el Guanxi y cómo este sistema cultural se plasma en los negocios; ¿podrías hablarnos un poco más sobre ello?

PATRICIA CASTRO: Para entender cómo operan los empresarios chinos fuera de sus fronteras, es necesario comprender su mentalidad y sus tradiciones culturales y comerciales. 

En China es imposible hacer negocios si uno no está bajo la línea del Partido Comunista y sigue las directrices del poder político; esta es una práctica contemporánea.

A esto se suma el concepto del Guanxi, un sistema de relacionamiento basado en un intercambio de confianza mutua: “yo te ayudo, tú me ayudas”. 

Bajo la base confuciana, este sistema debería operar dentro de la ética y la moral, pero muchas veces esa línea se rompe tanto en China como fuera de ella para utilizar el Guanxi con otros fines. 

El empresario chino beneficia a su contraparte con regalos (que tienen un fuerte simbolismo cultural), viajes, donaciones o ayudas, esperando que en algún momento la contraparte responda de la misma manera. 

Romper el Guanxi —es decir, recibir ayuda y no devolverla cuando se solicita— es considerado una traición grave a la confianza. Este sistema es vital para sobrevivir en China y se traslada a países con instituciones débiles.

MARÍA CERVANTES: Entonces, ¿quiénes son los que les abren las puertas en Perú? Se menciona mucho la figura del ‘agente’, ¿por qué son tan cruciales para estas empresas?

PATRICIA CASTRO: En el Perú existen distintos niveles de empresarios chinos , pero destaca la figura del agente comercial, un actor que no es un “chino cualquiera” sino una pieza clave con tiempo de residencia en el país. 

El agente es un empresario que ya tiene negocios asentados, conoce el clima empresarial y, sobre todo, el clima político local. Posee el soporte de conexiones con autoridades que ha ido trabajando lentamente, muchas veces desde que estas eran simples postulantes o funcionarios de niveles bajos.

Las grandes compañías transnacionales chinas no llegan a la nada; operan bajo un sistema acumulativo, lo que significa que siempre se refuerzan sobre una base previa y rara vez se expanden solas, sino que suelen llegar juntas. 

Se apoyan en estos agentes, a quienes en la academia se les denomina gatekeepers o “puertas de entrada” , quienes sirven como intermediarios lingüísticos y culturales, ya que los gerentes de las grandes corporaciones muchas veces no hablan español.

Estos agentes son fundamentales porque:

  • Evitan choques culturales al leer correctamente el acontecer nacional para la contraparte china.
  • Funcionan como una plataforma logística y operativa, proporcionando canales de suministro mientras la gran empresa se acondiciona a la realidad local.
  • Aportan “capital semilla” o participan en la estructura de los proyectos, aunque su rol suele pasar desapercibido y no son figuras visibles ante el ojo público.
  • Proporcionan un “colchón” de capital social acumulado, asegurando un aterrizaje mucho más blando, seguro y eficiente para las inversiones transnacionales.

En esencia, el empresario chino es colectivo y pragmático; no busca construir redes desde cero, sino que contacta al agente para que este le abra el camino, permitiendo que los negocios se instalen sobre una estructura de confianza y contactos ya validada.

MARÍA CERVANTES: Otra característica que vemos es que tienen buenas relaciones con todos los partidos políticos, sin importar la ideología.

PATRICIA CASTRO: Es un error atribuirle una ideología política al empresario chino; ellos son profundamente pragmáticos y no tienen bandera política ni preferencia por la izquierda o la derecha. 

Su acercamiento a los partidos es por igual, buscando estabilidad y rentabilidad para su proyecto económico en regiones inestables como América Latina. Han invitado a sus redes tanto a figuras como Keiko Fujimori como a políticos de otras tendencias, porque lo que les importa es el acceso al poder de turno.

De hecho, he visto en China alcaldes y funcionarios de todo nivel: desde funcionarios pequeñitos hasta ministros, candidatos a la presidencia, presidentes de partidos políticos; de todos, sin ideología.

Un ejemplo claro de esta dinámica ocurrió durante el gobierno de Alan García. En un desayuno de trabajo, García les dijo directamente: “Cuando ustedes tengan problemas en el Perú, vengan y hablen conmigo, tóquenme la puerta a mí”.

Esta frase provocó que los empresarios chinos se pusieran de pie para aplaudirlo, pues era exactamente lo que querían escuchar: en China, los problemas comerciales suelen resolverse directamente con las autoridades políticas. Este evento ilustra cómo se han tejido contactos entre el lado chino y las autoridades peruanas de todos los niveles durante años.

El éxito de prácticas irregulares en el Perú se debe a que es un Estado con muchas porosidades, fragmentado y con una gran debilidad institucional. Esta fragilidad es aprovechada por empresarios de diversas nacionalidades —antes fueron los españoles o los brasileños de Odebrecht— para asegurar sus inversiones conectando directamente con el poder.

Los empresarios chinos prefieren pasar desapercibidos y evitar la visibilidad mediática. Por ello, el rol de la prensa es clave: al poner el foco sobre estos actos, se genera una supervisión que el sistema político no ejerce por sí mismo. No se trata de estigmatizar a una nacionalidad, sino de reformar el sistema de control sobre nuestras propias autoridades, quienes actualmente gozan de licencias muy amplias sin una supervisión real.