Suscríbase a nuestro boletín semanal gratuito sobre China y América Latina.

  • This field is for validation purposes and should be left unchanged.

Sigue a CLA en redes sociales

¿Puede EEUU empujar a Latinoamérica hacia China en la carrera por los minerales críticos?

¿Puede EEUU empujar a Latinoamérica hacia China en la carrera por los minerales críticos?
El presidente Donald J. Trump, junto con líderes de América Latina, firma proclama en Miami, Florida. Foto: @WhiteHouse

  • La administración Trump revive la Doctrina Monroe como una política “Donroe”, recurriendo a tácticas coercitivas para imponer el dominio de EE. UU. en América Latina.
  • China se ha convertido en el principal acreedor e inversionista de la región, suministrando tecnología clave para la transición energética y asegurando proyectos de litio, cobre y puertos.
  • La coerción estadounidense corre el riesgo de empujar a los gobiernos y a la opinión pública hacia China; las necesidades económicas y una percepción regional más favorable sobre el país asiático minan la influencia de Estados Unidos.

Por Sam Meadows

A principios de agosto, el Departamento de Estado de Donald Trump publicó un vídeo de cinco minutos en las redes sociales. El clip detalla lo que la oficina de política exterior de Estados Unidos califica como una de las “declaraciones diplomáticas más audaces de la historia de Estados Unidos”: la doctrina Monroe de 1823.

La doctrina Monroe fue una respuesta a la amenaza de recolonización de las Américas por parte de las potencias europeas. Los entonces jóvenes Estados Unidos, deseosos de alejar esta amenaza, declararon que el hemisferio occidental estaría libre de conquistas imperiales. Esta doctrina se convirtió más tarde en una amplia afirmación de que Estados Unidos era “prácticamente soberano” en la región.

La era de los imperios europeos ha llegado a su fin. Sin embargo, tal y como deja claro el vídeo del Departamento de Estado, la administración del presidente Trump no tiene reparos en declararse dominante sobre sus vecinos latinoamericanos. ¿Qué hay detrás de este resurgimiento de la política exterior del siglo XIX?

China lleva décadas ganando terreno discretamente en América Latina, consolidándose como el segundo socio comercial más importante de la región y su principal acreedor. Empresas chinas están detrás de las minas de litio en Chile y Argentina y de los megapuertos en Perú, mientras que el gobierno chino está impulsando un ferrocarril transcontinental.

Tanto China como Estados Unidos aspiran a convertirse en potencias energéticas, y el enfrentamiento resultante en torno a América Latina pone de manifiesto dos enfoques diferentes. Las empresas chinas han invertido en litio y otros minerales fundamentales para la transición energética. Por su parte, el derrocamiento del presidente Maduro de Venezuela por parte de la administración Trump en enero estuvo claramente vinculado a las abundantes reservas de petróleo del país.

El secuestro de un jefe de Estado en ejercicio puede interpretarse como una advertencia a América Latina: Estados Unidos sigue siendo quien manda aquí. Pero, ¿sigue siendo eso cierto? ¿Y podría la presión de Estados Unidos alejar a América Latina y empujarla a los brazos de los inversores chinos?

La doctrina ‘Donroe’

La estrategia de seguridad nacional de la Casa Blanca, publicada en noviembre de 2025, establece el deseo de un hemisferio occidental “libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave”. Al presentar el documento el año pasado, Trump declaró ante la prensa mundial que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ponerse en duda”. Citó directamente la doctrina Monroe, añadiendo un “corolario de Trump” para el siglo XXI.

“La doctrina [Monroe] ha encontrado en Donald Trump a su último defensor”, afirma el embajador de Estados Unidos en Panamá, Kevin Marino Cabrera, quien narra el vídeo del Departamento de Estado. Resulta muy apropiado que se lo haya elegido a él para transmitir el mensaje de Trump. Desde que Panamá se independizó de Colombia en 1903, Estados Unidos ha mantenido un fuerte control sobre su política. Hasta 1999, incluso conservó la soberaníasobre una zona de amortiguación a ambos lados del Canal de Panamá.

Varios operarios trabajan en un proyecto de construcción en el puerto de Balboa administrado por CK Hutchison Holdings —con sede en Hong Kong—, en la entrada del Canal de Panamá, en Ciudad de Panamá, el 23 de febrero de 2026. MARTIN BERNETTI / AFP

En 1997, la empresa hongkonesa CK Hutchison se adjudicó los contratos para gestionar los puertos situados a ambos extremos de la vía navegable. Este año, esos contratos se convirtieron en el centro de una tormenta política después de que el Tribunal Supremo de Panamá los declarara inconstitucionales. Trump ya había afirmado anteriormente que China estaba “operando” el canal.

Esta presión se ha ido intensificando en todo el continente. En junio, Chile descartó sus planes de conectar su costa con Shanghái mediante un cable submarino para facilitar el tráfico de datos, después de que Estados Unidos expresara su preocupación por que los cables pudieran tener una segunda función militar.

En Argentina, estalló una disputa este mes de agosto después de que la embajada estadounidense en Buenos Aires amenazara con revocar los visados de los ejecutivos de una empresa eléctrica que había negociado un acuerdo con la empresa china Huawei. Esto ocurrió a pesar de que el presidente Javier Milei es uno de los más fervientes partidarios latinoamericanos de Trump y está ideológicamente alineado con la Casa Blanca.

La agresiva política exterior de Trump ha supuesto un cambio radical con respecto a la de sus predecesores en este siglo. Margaret Myers, directora general del Instituto para América, China y el Futuro de los Asuntos Globales de la Universidad Johns Hopkins, parafrasea la postura del presidente Barack Obama respecto a América Latina: “Lo que es bueno para la región es bueno para Estados Unidos”.

Este enfoque más moderado, que permitió que proliferaran las inversiones chinas en América del Sur y Central, ha pasado a la historia en lo que a Trump se refiere. “Ya no se escucha ese discurso”, afirma Myers. “Ahora se dice que China se aprovechará y que, si te involucras demasiado, habrá consecuencias negativas”.

La oferta china

China ha reaccionado con indignación ante la avalancha de acercamientos diplomáticos y amenazas procedentes de la Casa Blanca de Trump. En agosto, el embajador de China en Chile, Niu Qingbao, acusó a Estados Unidos de “diplomacia coercitiva” y de ”no mostrar ningún respeto por la soberanía”.

Los responsables del gobierno chino también han argumentado que el modelo de desarrollo exterior de China se basa en la cooperación y el beneficio mutuo, así como en el fortalecimiento de las alianzas entre los países del Sur Global. La palabra “cooperación” aparece mencionada 174 veces en su documento de política para América Latina más reciente.

Las empresas del país —muchas de ellas vinculadas al Estado, si no respaldadas por él— han financiado una serie de importantes infraestructuras, entre las que destaca el puerto de Chancay, situado a 80 km al norte de Lima, la capital peruana. El conglomerado naviero chino COSCO posee una participación del 60%.

Alice Hill, exasesora de energía de la Casa Blanca e investigadora principal del Consejo de Relaciones Exteriores, afirma que el éxito de China se ha basado en actuar como un socio fiable, en contraste con Trump: “Es un poco como un matrimonio. Si tu pareja te ha engañado, es difícil superarlo. Nosotros [EE. UU.] no hemos demostrado ser fiables. Hemos recortado la ayuda y hemos menospreciado a nuestros aliados”.

¿Cómo está respondiendo la región?

Como señaló la analista de relaciones internacionales Fernanda Magnotta en una reciente publicación para Americas Quarterly, ese uso tan agresivo de la presión por parte de Estados Unidos hace que los socios alternativos resulten más atractivos, y no menos. También subraya la idea de que tomar partido es inútil: “Al intentar obligar a América Latina a elegir, Washington enseñará a sus gobiernos por qué nunca deberían tener que hacerlo”.

Brasil y Estados Unidos han llegado a un punto de fricción diplomática a medida que se acercan las elecciones brasileñas de octubre. A principios de este mes, se revocó el visado del embajador de Brasil en Washington.

Mientras tanto, el caso de Argentina sugiere que los países se guían más por la necesidad que por la pureza ideológica a la hora de tomar partido en cuestiones geopolíticas. Por mucho que a Milei le gustaría entablar una amistad inquebrantable con el presidente estadounidense, la realidad económica de su país lo ha llevado a prorrogar un swap de divisas multimillonario con China.

Constantemente se están forjando nuevas relaciones diplomáticas con China. La semana pasada, el presidente ecuatoriano, Daniel Noboa, se reunió con su homólogo chino, Xi Jinping, en Beijing, en el marco de una visita de Estado.

‘La transición se está llevando a cabo en China’

Un factor importante es que, en la actualidad, solo China cuenta con la tecnología y los conocimientos especializados necesarios en materia de tecnologías de transición energética. Y, como principales productores de los minerales esenciales que sustentan esas tecnologías —desde el litio y el cobre hasta el níquel y el cobalto—, los países latinoamericanos no tienen más remedio que exportar a China. En 2025, Chile vendió más de la mitad de su cobre a China y el 70% de su litio.

Gustavo Pinheiro, analista del centro de estudios sobre energía E3G, afirma que esta transición es una “oportunidad única en la vida” para el desarrollo de América Latina. “La transición se está llevando a cabo en China; se está produciendo en el ámbito tecnológico”, añade. Estados Unidos, por su parte, ha “redoblado su apuesta” por los combustibles fósiles, según Hill.

BYD presentó su primera pick-up híbrida en la Ciudad de México el mismo día en que Estados Unidos anunció aranceles del 100% a los vehículos eléctricos chinos importados (que entrarían en vigor meses después). 14 de mayo de 2024. Imagen vía BYD.

Y no es solo a nivel gubernamental donde la agresividad de Estados Unidos está alejando a la región. Una encuesta publicada en julio por el Pew Research Center sugiere que la opinión sobre China es ahora más positiva en la región que la que se tiene de Estados Unidos; la gente tiende más a afirmar que Estados Unidos se entromete en los asuntos de otros países.

Pinheiro señala que existe una larga historia de agresividad estadounidense, que se comprende bien en la región: “Estados Unidos tiene 200 años de un historial terrible como aliado. Han demostrado una y otra vez lo poco fiables que son”.

Trump quizás cree que puede intimidar a sus aliados, pero parece que podría no ser el caso en América Latina.

Sam Meadows is Dialogue Earth’s Latin America editor based in London. This article was originally published on Dialogue Earth under the Creative Commons BY NC ND license.