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Seguridad alimentaria de China desacelerará compras de soja brasileña, pero mantendrá alianza estratégica, según estudio

Seguridad alimentaria de China desacelerará compras de soja brasileña, pero mantendrá alianza estratégica, según estudio
China buscará abastecerse de una mayor parte de sus alimentos en el Sur Global, incluyendo la soja proveniente de Brasil. REUTERS/Rodolfo Buhrer/Foto de archivo

La creciente prioridad que China otorga a la seguridad alimentaria desacelerará el ritmo de crecimiento de sus compras de soja brasileña, pero no eliminará al Brasil como proveedor estratégico del gigante asiático, según un análisis publicado por investigadores del Insper Agro Global.

El artículo, firmado por Bruno Capuzzi, Leandro Gilio y Marcos Jank y publicado en la edición de agosto de la Carta Brasil-China, del Conselho Empresarial Brasil-China (CEBC), sostiene que la respuesta china no apunta a la autosuficiencia absoluta ni al abandono del comercio internacional, sino a la reducción de vulnerabilidades en su sistema agroalimentario.

Según los autores, la seguridad alimentaria ocupa un lugar central en los planes quinquenales chinos desde 1953, pero en los últimos años dejó de ser una política meramente sectorial para convertirse en un pilar de la seguridad económica del país, al mismo nivel que la energía y las finanzas, arquitectura consolidada desde 2021. El 15º Plan Quinquenal profundiza esa orientación al fijar prioridades para reducir vulnerabilidades en el sistema agroalimentario.

Esa transformación, señalan los investigadores, fue acelerada por tres choques: la guerra comercial con Estados Unidos, que demostró que los productos agrícolas podían usarse como instrumento de presión geopolítica; la pandemia de COVID-19, que expuso la fragilidad de las cadenas globales; y los conflictos bélicos en Europa y Medio Oriente, que afectaron los mercados de granos, fertilizantes y energía.

La vulnerabilidad tiene nombre: soja

China mantiene índices de autosuficiencia superiores al 90% en cultivos considerados estratégicos, como arroz, trigo y maíz, de acuerdo con el artículo. La vulnerabilidad se concentra en la soja, que hoy es la principal fuente de proteína en las raciones animales del país: China importa cerca del 85% de la soja que consume.

Los autores atribuyen esa dependencia a la urbanización, el aumento de la renta y la mayor participación de proteínas animales en la dieta china, factores que ampliaron la demanda de raciones. Con cerca del 57% del área cultivada dedicada a cultivos estratégicos y límites físicos a la expansión, el país concentró su producción doméstica en granos básicos, mientras la soja -intensiva en tierra y agua- pasó a importarse en volúmenes crecientes.

La productividad china de la soja, según el análisis, se mantiene apenas por encima de las 2 toneladas por hectárea desde hace una década, frente a promedios cercanos a las 3,5 toneladas por hectárea en Brasil y Estados Unidos. China proyecta elevarla a 2,7 toneladas por hectárea hacia 2034.

La participación brasileña en las importaciones chinas de soja creció de forma expresiva desde 2017, cuando las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China redirigieron gran parte de la demanda china hacia Brasil, alcanzando cerca del 70% en 2025. En sentido inverso, aproximadamente el 70% de las exportaciones brasileñas de soja tuvieron a China como destino en el mismo período, señala el artículo.

Dos frentes de reducción de dependencia

Para reducir esa vulnerabilidad, China actúa en dos frentes principales, de acuerdo con los investigadores del Insper Agro Global: elevar la productividad en el área ya cultivada y disminuir la participación de la harina de soja en las raciones animales.

La proyección estatal de ganancia de productividad, manteniendo el área actual, elevaría la producción doméstica de aproximadamente 21 millones a 28,6 millones de toneladas hacia 2034, citando el informe China Agricultural Outlook 2025-2034. Paralelamente, la meta de reducir el uso de harina en las raciones -del 14,5% al 10% hacia 2030, según el Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China (MARA)- podría disminuir el volumen de soja en grano destinado a ese fin de aproximadamente 97 millones a 62 millones de toneladas, en un escenario de plena implementación.

Los autores advierten que las metas son ambiciosas frente al tamaño de la fuerza laboral rural china, de unos 315 millones de personas. Cerca de 11 millones de personas trabajan primariamente en ganadería en el país, y aun con la tasa de escala de la porcicultura subiendo al 68% en 2023, una porción relevante de la producción todavía proviene de productores de baja escala, lo que dificulta la rápida difusión de formulaciones nutricionales más sofisticadas.

“La dirección estratégica es clara. La velocidad aún permanece incierta”, señalan Capuzzi, Gilio y Jank en el artículo.

Respuestas para Brasil

El análisis identifica tres respuestas necesarias para que Brasil se mantenga como proveedor competitivo: diversificar la pauta exportadora, identificar las cadenas donde la sustitución doméstica china será más difícil, y tratar el acceso a mercado como un activo estratégico.

Sobre el primer punto, los autores citan aperturas recientes para menudencias de pollo, carnes de pato y pavo, granos secos de destilería de maíz (DDG), harina de maní, sorgo y pescados, que muestran que la relación bilateral puede avanzar más allá de la soja y la carne bovina.

En cuanto a la segunda respuesta, el artículo señala que China ya posee elevada capacidad de producción de cerdos y aves y busca aumentar su eficiencia, lo que podría limitar el crecimiento de las importaciones de esos productos. La producción de carne bovina, en cambio, enfrenta restricciones más rígidas de tierra para pastos y recursos naturales, preservando espacios de complementariedad con Brasil.

Los investigadores concluyen que la principal consecuencia para Brasil probablemente no será una caída abrupta de las importaciones chinas, sino una desaceleración del crecimiento y un cambio en la composición de la demanda. “China no dejará de comprar soja brasileña. Pero podrá comprar de manera diferente, con menor crecimiento y mayor competencia de su propia eficiencia interna”, escriben.