China ha reconfigurado su estrategia de inversión en Argentina en los últimos ocho años, pasando de una expansión generalizada a un enfoque más selectivo en sectores críticos como energías renovables y minería de litio, con una estrategia de “diplomacia subnacional” para mitigar riesgos políticos bajo el gobierno de Javier Milei, dijo Juliana González Jáuregui, investigadora en FLACSO-Argentina.
Esta atomización de inversiones, que explota la autonomía provincial habilitada por la reforma constitucional de 1994, permite a empresas y bancos chinos como PowerChina y Exim Bank de China firmar acuerdos directamente con gobiernos subnacionales en Jujuy, Salta y Catamarca, sorteando las tensiones ideológicas con el Ejecutivo nacional, que ha alineado al país con Washington.
Entre 2000 y 2024, las inversiones chinas en Argentina sumaron cerca de 42.000 millones de dólares, concentrado en proyectos de transición energética, incluyendo renovables no convencionales y litio, según señaló González en la conferencia China Adaptativa, organizada por la Universidad del Pacífico en Lima. Esta cifra refleja la ausencia de competidores de Estados Unidos y Europa en estos nichos.
Diseño subnacional como escudo
La “diplomacia subnacional” se ha intensificado desde la asunción de Milei en diciembre de 2023, con acuerdos de hermanamiento entre provincias chinas como Jiangsu y argentinas como Jujuy, priorizando vínculos locales sobre los estatales formales.
“Los inversores chinos entienden que el poder real sobre recursos reside en las provincias; esto es su principal mecanismo de gestión de riesgo ante la incertidumbre de Milei”, explicó Juliana González.
Ejemplos incluyen el proyecto Cauchari Solar en Jujuy -el mayor parque solar de Sudamérica con 315 MW operativos y ampliación a 515 MW en marcha-, desarrollado por PowerChina junto a la estatal Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado (JEMSE) y financiado en gran parte por Exim Bank.
La iniciativa combina financiamiento mediano escala, tecnología low-cost y competitividad, generando unos 1.000 empleos locales, aunque persisten tensiones en estándares ESG, como la consulta previa pendiente con comunidades indígenas.
Empresas privadas chinas como Goldwind han entrado vía fusiones y adquisiciones, licitaciones públicas, o suministrando turbinas eólicas a proyectos en desarrollo, mientras empresas líderes en renovables insertan tecnología de punta con programas de capacitación local, incluyendo cursos en China para mano de obra argentina.
Sin embargo, la transferencia tecnológica permanece limitada, atada a exigencias gubernamentales.
Dependencia y desafios
La presidenta de la Cámara Argentina-China, Alejandra Conconi, advirtió esta semana que “sin China se cae el agro, la industria nacional y el abastecimiento de insumos”, subrayando la dependencia en un contexto donde Pekín llena vacíos de financiamiento alternativo y acceso a tecnologías en renovables.
Para Argentina, esto representa una oportunidad, pero con desafíos: fortalecer instituciones para exigir transferencias tecnológicas y mejorar la capacidad negociadora, según González.
Washington ha expresado inquietud, con el embajador designado Peter Lamelas advirtiendo en julio sobre “vigilar acuerdos provinciales con China” para evitar corrupción.


