El próximo 7 de junio, el electorado peruano acudirá a las urnas para elegir en segunda vuelta al presidente que no solo determinará la conducción interna del país, sino también el posicionamiento del país ante la competencia estratégica que sostienen Estados Unidos y China en la región.
La postulación de la líder de derecha Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y la del izquierdista Roberto Sánchez (Juntos por el Perú) exponen visiones contrapuestas respecto a las relaciones exteriores, en una coyuntura marcada por una participación más activa de la diplomacia estadounidense bajo la gestión del nuevo embajador, Bernie Navarro, orientada a contrarrestar la presencia de Pekín, mientras que el gobierno chino consolida una influencia construida durante los últimos años con diversos sectores de la élite local.
La influencia de Washington y Pekín se materializa de forma práctica en la estructura de las dos candidaturas peruanas, en los antecedentes legislativos de los partidos y en los vínculos contractuales de los candidatos.
1. Los nexos de Keiko Fujimori con Washington
Los vínculos del entorno de Keiko Fujimori con los centros de formulación de políticas en los Estados Unidos se articulan a través de canales específicos de asesoría e intercambio académico.
Entre ellos destaca Carlos Díaz-Rosillo, politólogo de origen cubano-americano y doctor por la Universidad de Harvard, quien formó parte de la administración de Donald Trump como Director de Políticas Públicas de la Casa Blanca y ocupó funciones de confianza en el Departamento de Defensa.
En la actualidad, Díaz-Rosillo se desempeña como Director Fundador del Adam Smith Center para la Libertad Económica en la Florida International University (FIU).
De acuerdo con precisiones públicas del propio director del centro, la candidata de Fuerza Popular mantiene una relación contractual con la institución desde hace un año, periodo en el cual ha percibido un sueldo acumulado de US$ 45,000 por desempeñarse como instructora y conferencista en programas de liderazgo político y empresarial, estableciendo un canal de comunicación institucional directo con redes de análisis ligadas al Partido Republicano.
Parlamentarios fujimoristas alineados con Washington
Esta proximidad con Washington se tradujo también en un alineamiento respecto a la política de seguridad nacional de Perú, el cual derivó en una abierta confrontación institucional tras el estallido de la denominada “crisis de los F-16”.
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En abril, el presidente interino, José María Balcázar, manifestó su postura de postergar el proceso de adquisición de la flota de aeronaves bélicas a los Estados Unidos, argumentando la necesidad de priorizar el gasto en brechas sociales de cara al cambio de mando.
Ante ello, la candidata presidencial Keiko Fujimori defendió la continuidad de la transacción señalando la necesidad de honrar los compromisos del Estado.
Paralelamente, el presidente del Congreso, Fernando Rospigliosi, del partido Fuerza Popular, presionó públicamente al Ministerio de Economía para asegurar que el proceso siga en marcha de manera irreversible.
El pragmático Luis Carranza
No obstante, Keiko Fujimori ha incorporado a su equipo económico de la campaña electoral al exministro de Economía, Luis Carranza, quien sitúa el desarrollo comercial del Perú de manera inequívoca en la órbita de los mercados asiáticos.
A finales de 2025, durante su participación en la conferencia anual CADE Ejecutivos, Carranza sostuvo que el Perú cuenta con las condiciones estructurales para convertirse en el “hub logístico de la relación comercial de Asia con Sudamérica en 15 años”.
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“Hace 20 años nuestra posición geográfica era totalmente irrelevante; los flujos comerciales de Sudamérica eran básicamente hacia Estados Unidos y Europa. Hoy la situación ha cambiado totalmente: China es el primer socio comercial de Sudamérica”, manifestó Carranza en esa oportunidad.
2. El izquierdista Roberto Sánchez y su aproximación a China
Esta proyección sobre el peso comercial de Pekín coincide con la trayectoria de Roberto Sánchez, cuyo historial político e institucional registra una estrecha vinculación con la agenda china.
Entre los años 2021 y 2022, durante su gestión como ministro de Comercio Exterior y Turismo, Sánchez asumió la conducción de la agenda comercial con China, liderando las mesas técnicas para la optimización del Tratado de Libre Comercio (TLC) bilateral.
Posteriormente, en octubre de 2023, ya establecido como congresista, asumió la presidencia de la Comisión Especial Multipartidaria de Impulso y Seguimiento del Proyecto Chancay, convirtiéndose en el encargado de fiscalizar los plazos de la obra operada por Cosco Shipping, cargo que ha mantenido durante las legislaturas de 2025 y el presente año 2026.
En diciembre de 2024, Sánchez expandió su vinculación hacia el plano de la diplomacia partidaria al viajar a Pekín para el el 4to Foro China-CELAC como invitado directo del Partido Comunista de China.
El contrapeso en el equipo técnico: Rodríguez Cuadros y Francke
Ahora como candidato presidencial, ha convocado a su equipo técnico al excanciller Manuel Rodríguez Cuadros y al ex ministro de Economía, Pedro Francke, para enfrentar la segunda vuelta electoral.
Rodríguez Cuadros es un diplomático de carrera que defiende la doctrina del “no alineamiento activo”. En febrero de 2026, calificó como un “acto de intervención” que la Embajada de Estados Unidos cuestionara una decisión judicial peruana vinculada al puerto de Chancay, y consideró “insólito” que el Poder Ejecutivo no emitiera un pronunciamiento firme en defensa de la soberanía interna frente a las observaciones de Washington.
Al mismo tiempo, ha planteado las bases de su visión geopolítica en su reciente ensayo “Ni alineamiento ni equidistancia: el Perú ante Estados Unidos y China”, donde sostiene que “el desafío del Perú no es ‘elegir’ entre potencias, sino gestionar la diversificación y los espacios de autonomía ganados como política de Estado, actuando solo en función del interés nacional”.
Por su parte, Pedro Francke advirtió en 2025 que el Perú corre el riesgo de sufrir una “tupacamarización” geopolítica, quedando atrapado en la disputa hegemónica entre Washington y Pekín.
Frente a este escenario, Francke sostiene que el interés nacional exige defender la autonomía frente a ambos bloques. Ante Estados Unidos, plantea que la sumisión es peligrosa y sugiere diversificar las reservas internacionales del banco central fuera del circuito estadounidense.
Frente a China, rechaza la complacencia; advierte que el vínculo actual perpetúa una debilidad estructural basada en la exportación de materias primas y exige fijar nuevas condiciones a Pekín para evitar que Chancay derive en una invasión de manufacturas que destruya la industria nacional.
Escenario futuro
La segunda vuelta del 7 de junio expone al Perú a un dilema que trasciende la clásica división ideológica local: la gestión de su soberanía en el epicentro de la nueva Guerra Fría.
Mientras que una eventual gestión de Fuerza Popular hereda compromisos políticos y de seguridad nacional alineados de forma orgánica con Washington —pese a la mirada comercial asiática de su equipo económico—, la postulación de Juntos por el Perú presenta el escenario inverso: un liderazgo político en la órbita de Pekín, contrapesado por un equipo técnico que exige ensayar un “no alineamiento activo” para defender la soberanía y diversificar las dependencias del Estado.



